Reseña: Muerte de la luz

muerte de la luz portada
Portada de Muerte de la luz

Muerte de la luz es la primera novela de George R.R. Martin. Aunque parezca que Martin lleva toda la vida escribiendo Juego de Tronos, una saga que no terminará jamás, en 1977 debutó como escritor novel con este título. Unos primeros pasos literarios con una historia de ciencia ficción, que si bien se aleja de la fantasía a la que nos tiene acostumbrados guarda cierto paralelismo y esboza algunas ideas que posteriormente veremos en Canción de hielo y fuego.

Muerte de la Luz nos traslada a un futuro muy lejano, en un punto donde el ser humano se ha expandido a sistemas lejanos e incluso convive en el universo con diferentes civilizaciones: desde las más tecnológicas a otras que se rigen por códigos de conductas sin evidencias científicas similares a los de una tribu primitiva. El protagonista, Dirk t’Larien, recibe una piedra preciosa de Gwen, su expareja con la que terminó hace siete años. El objeto simboliza una promesa de cuando eran amantes, una llamada a la que el otro acudiría sin preguntas. A pesar de ser la típica promesa de enamorados que se pierden como cenizas en el viento, Dirk decide ir al encuentro.

Gwen por su parte se localiza en un peculiar planeta errante, Worlorn. Dicho mundo viajaba congelado por el universo hasta que se descubrió que tendría un perihelio, punto de la órbita más cercana al Sol, en un sistema de varios soles donde se darían condiciones de vida durante algunos años. Diferentes civilizaciones decidieron celebrar una especie de exposición universal a nivel cósmico construyendo ciudades, fortalezas y trayendo seres vivos de sus planetas natales.

Gwen y Dirk se reúnen en Worlorn, años después de terminar el festival. Ella se dedica a estudiar el ecosistema del planeta que poco a poco se vuelve más frio, con una flora y fauna abandonada que lucha por perdurar ante un clima condenado a congelarse. Por su parte, Dirk se enfrenta a un triángulo amoroso (aunque sería más razonable llamarlo pentágono) debido a la relación romántica que mantiene su antiguo amor con Jaan, un señor kavalar. Pero más que a una relación de pareja, se ha unido a un sistema jerárquico muy complejo donde ella es compartida con el compañero de Jaan y pasaría a pertenecer a otro clan como esclava si él muriera ante uno de los frecuentes duelos de honor a los que se enfrentan los hombres kalavar. Un sistema de relaciones y comportamientos excesivamente complejos con connotaciones machistas y racistas.

La trama desemboca en una cacería por la supervivencia en un terreno decadente donde Dirk no tiene nada que ofrecer a Gwen frente a Jaan, aunque la historia de amor se ve diluida conforme avanzan las páginas. La historia no es tan cruenta como en los Siete Reinos, aun así el final es un poco trol.

La narrativa de Muerte de la luz se antoja más brusca que la presentada en las novelas más recientes de Martin. Incluso dedica demasiado tiempo a describir detalles del mundo, que si bien proporcionan riqueza se hace pesado. Pero si existe algo en lo que destaca el autor es en dejarnos en vilo, queriendo saber qué ocurrirá a continuación, seduciendo con los sentimientos.

El libro me ha gustado aunque contiene altibajos. Si tengo que sacar algo a relucir es la idea sobre los nombres, motes o títulos que tienen las personas y lo que representan para unos y otros. Una historia con mucho potencial pero se ve desbordada conforme avanza hacia el final.

Artículo escrito por: @NeoToki0

Cómo escribir las transiciones de una historia

Alicia en el país de las maravillas
Alicia en el País de las Maravillas

Por lo general, las historias suceden en varias localizaciones, participan diferentes personajes y, además, ocurren saltos temporales para evitar los momentos monótonos sin ningún interés. Es importante aprender cómo escribir la transición de una escena a otra para agilizar la acción y situar al lector en el nuevo momento espacio temporal en el que nos encontramos.

Cualquier pequeño despiste podría generar confusión. Si pensamos que nos encontramos en un lugar, con unos personajes determinados y en un instante específico del día, y apreciamos una referencia a un escenario distinto, a personajes que no se encontraban allí o pensábamos que era otro momento del día, entonces hemos fallado al cambiar de escena. Es muy importante que el lector conozca en todo momento dónde se encuentra, cuándo y con quién, para no sacarlo del estado de inmersión y deje de leer.

Los pilares de la transición

Hay tres detalles que siempre se deben conocer al cambiar de escena, o al menos intuir: el lugar, el tiempo y los personajes. Con dicha información ubicaremos al lector. Una vez conocidos podremos continuar con el desarrollo de la trama. La transición debe especificarse al comenzar el nuevo párrafo, siendo más o menos extenso si requiere de información que respalde el salto.

El tiempo

Son cambios temporales, los típicos: unas horas después, al día siguiente, más tarde, etc. No es necesaria una precisión milimétrica del tiempo transcurrido, incluso se puede transicionar indicando acciones: después de cenar, al despertar, al terminar el trabajo. Con los saltos temporales descartamos información innecesaria y aburrida.

Cuando escribimos la historia de un personaje disponemos de una cantidad infinita posibilidades narrativas, desde su nacimiento hasta su muerte (Incluso cómo se conocieron sus padres o las consecuencias tras morir). Contar cada situación vivida resultaría aburrido, además de no terminar nunca. Eliminaremos los momentos sin ningún valor para la historia.

Los tiempos de espera solo son importantes si el narrador tiene algo que decir, para aclarar pensamientos, un encuentro inesperado u otros detalles que enriquezcan el conjunto de la trama.

Una mención especial a los flashback, deberán cuidar mucho más la puesta en escena. Retroceder en el tiempo implica mostrar elementos anteriores al comienzo o el punto actual de la historia.

El lugar

El lugar es donde ocurre la acción. Si de repente hablamos de un nuevo lugar sin informar del traslado generaremos confusión. El leyente crea un mapa mental de los elementos del escenario que le proporcionamos.

Siempre que sean localizaciones comunes bastará con aclarar si da un paseo por el parque, llegó a su casa o entró en el supermercado. En cambio, si nos movemos a un lugar lejano o desconocido necesitaremos de información adicional que explique cómo llegó o qué hace allí, siempre que no se citara con anterioridad.

Los lugares nuevos requerirán de alguna descripción sobre todo si pretendemos volver varias veces, para que en futuras transiciones el lector se adapte rápidamente con pocas palabras.

Los personajes

Al igual que el lugar, es imprescindible conocer a los personajes que participan en la escena. Después de donde, aclararemos quienes están. Si alguien sale o entra también es una transición necesaria de conocer.

Los personajes definen el contexto, cada uno de ellos cuentan con información o características diferentes que marcarán el desarrollo, generando tensión con solo su presencia.

Si se muestra el punto de vista de distintos personajes o contamos con varios narradores, entonces el estilo cambiará con la escena. Si además hay cambio de narrador, de primera a tercera persona y viceversa, la transición deberá ser mucho más clara, al menos en las primeras ocasiones o destruiremos la percepción del lector.

Cierre de las escenas

Al cambiar de capítulo, lo normal es terminar la escena anterior cerrando debidamente. Pero cuando realizamos una transición en mitad del capítulo, el párrafo debe concluir o poner en suspenso la acción que tuviera lugar.

Se pueden utilizar Cliffhanger para enganchar al lector o finalizar alguna subtrama, pero el contenido antes de la transición debe contar con sentido propio. El cierre es tan importante como el nuevo comienzo, un cambio brusco confundirá y hará perder el hilo.

Artículo escrito por: @NeoToki0

Neuromante: la transcendencia del ciberpunk

tokio ciberpunk
Calles de Tokio

El Neuromante es la primera obra de William Gibson publicada en 1984. Supuso el nacimiento de un nuevo subgénero de ciencia ficción denominado Ciberpunk. Esta vez, más que una reseña, quiero abordar la importancia que trajo este libro y el legado que nos dejó. Forma parte de la trilogía del Sprawl o ciberespacio, junto con Conde Cero y Mona Lisa acelerada, aunque se puede leer de forma independiente.

¿Qué es el ciberpunk?

El ciberpunk es la normalización de lo cibernético en la vida cotidiana de las personas. Los aparatos electrónicos, hardware y software, son capaces de sustituir o complementar los órganos de los seres humanos, mejorando las capacidades físicas e intelectuales en muchos niveles. Encontramos una red muy parecida al actual Internet donde los hackers aprovechan las debilidades de los programas por diversión o para sacar algún tipo de beneficio, convirtiéndose en grandes delincuentes por el peligro que entrañan en una sociedad tan dependiente de los componentes electrónicos.

Pero el género no se conforma aquí, realiza una protesta contra la política. Imaginan un futuro cercano dentro de un mundo distópico, con grandes contrastes entre los avances tecnológicos y el decadente estilo de vida de las personas causado por los intereses de las megacorporaciones que controlan los altos estratos de la sociedad. Por otro lado, se pregunta si la tecnología deshumaniza al ser humano y temas filosóficos del estilo.

Antecedentes

El aire decadente y futurista ya lo vimos con anterioridad en novelas como Ubik de Philip K Dick o en la adaptación cinematográfica de “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”: Blade Runner. El manga de Akira, Katsuhiro Otomo, también introdujo la megalópolis de Neo-Tokio con viñetas donde bandas de moteros, estudiantes conflictivos y adictos a los estupefacientes, tratan de sobrevivir en unas calles sucias y ruinosas repletas de tubos de neón y grandes rascacielos de fondo.

En todas estas historias encontramos muchos de los elementos que hoy identificaríamos como ciberpunk pero todavía no generalizaban los elementos informáticos.

William Gibson

Escritor estadounidense considerado el padre del ciberpunk. Con su primera novela Neuromante ganó algunos de los premios más importantes de la ciencia ficción como el Hugo, el Nebula o Philip K. Dick. Fue el primero en asignar el término “ciberespacio” e introdujo multitud de elementos del mundo de la informática y las redes en sus historias en un momento donde pocas personas tenían acceso a los ordenadores.

Neuromante

portada Neuromante William Gibson
Portada del Neuromante

La historia nos presenta a Case, un exvaquero del ciberespacio que perdió su capacidad de navegar en la matriz por traicionar a sus propios jefes. Ahora es un buscavidas en la ciudad de Chiba, una ciudad costera japonesa de mala muerte con un cielo teñido de estática de televisión por la contaminación. El alcohol y las drogas son su único aliciente para desvanecer los atormentados sueños del pasado.

Pronto aparece Armitage, un extraño personaje aparentemente sin rastro de su vida anterior, que viaja por el mundo reclutando personas para cumplir una misteriosa misión. Le acompaña su guardaespaldas Molly, una mujer con lentes implantadas en los ojos y cuchillas afiladas bajo las uñas que puede desplegar a su antojo.

Armitage convence a Case, operándole los órganos deteriorados por las drogas y su sistema nervioso dañado, para que vuelva a navegar para él. Pero para someterlo completamente le introduce una potente droga en el cuerpo que poco a poco lo matará si no se le suministra la cura a tiempo.

Sus objetivos les trasladará a diferentes localizaciones donde se les unirán nuevos personajes, culminando en una ciudad satélite llamada Sion con la lucha de una inteligencia artificial que trata de transcender en un nuevo ser.

El legado de la obra

El mayor problema del ciberpunk fue lo pronto que se cumplieron sus predicciones. Apenas una década después del lanzamiento del Neuromante, en los noventa, Microsoft lanzó su Windows. Los ordenadores se hicieron mucho más accesibles: los usuarios de PC, programadores e incluso hackers aumentaron su número exponencialmente. Si nos fijamos en la actualidad, Internet se ha convertido en algo cotidiano para todas las personas. Las nuevas generaciones no saben lo que es vivir sin un teléfono móvil, para ellos es un portal al mundo digital tan asimilado como la realidad.

ghost in the shell Ciberpunk
Motoko Kusanagi en Ghost in the Shell

El mito del ciberpunk se trasformó en verdadero. Las grandes ciudades proyectan ese aroma decadente del que hacen gala sus historias. La originalidad se diluyó por la cercanía. La ciencia ficción siempre trata de soñar con el posible futuro: los viajes espaciales, nuevos mundos de lejanas galaxias o con tecnologías tan avanzadas que nos parecerían magia. Además, las historias de piratas, caballeros andantes u otros personajes de ficción nos hacen rememorar historias que nunca conoceremos, de ahí proviene el encanto.

El género acabó siendo muy redundante aunque ciertas obras se convirtieron en grandes referentes como en el caso de la película de animación japonesa Ghost in the Shell: realiza preguntas existenciales con unas imágenes de gran belleza, un mundo devorado por la tecnología y una historia muy cercana al Neuromante aunque con un punto de vista muy distinto. También tenemos Matrix, una reinvención de lo que conocemos por la Red con una reinterpretación del mito de la caverna de Platón.

Artículo realizado por: @NeoToki0

Preguntas al crear personajes

luke leia han
Luke, Leia y Han

Crear personajes creíbles y profundos es un objetivo que busca todo autor para su obra. Muchos autores declaran que es mejor buenos personajes en una historia mediocre que al contrario, pero darles verosimilitud o un trasfondo potente es un quebradero de cabeza.

El proceso de crear un personaje es complejo pero las preguntas que propongo a continuación son un gran comienzo para que al menos su papel en la historia funcione.

¿Quiénes son esos personajes?

Necesitan una historia, un pasado. Si solo le damos un nombre y los utilizamos cuando la historia los requiera estaremos ante simples marionetas. Cada personaje debe contar con una vida, como las personas que nos cruzamos cada día en nuestro barrio. La forma de vestir, la manera de hablar, las manías, su profesión, cada detalle del personaje es una proyección de sus logros y derrotas.

No hace falta que todos hablen sobre su vida, los detalles demostrarán más que las palabras. Además, como escritores, al tener en cuenta un trasfondo nos servirá para moldear su personalidad, haciéndola diferente del resto.

¿Qué quieren?

Los personajes necesitan un objetivo, un sentido para sus acciones, una meta para continuar. Los objetivos serán el motor de la trama, bien sea para avanzar o para entorpecer. Tampoco necesitan elementos pretenciosos, un simple vaso de agua es la meta ideal para un personaje sediento.

Las metas justificarán las acciones de cada personaje, les dotará de más realismo que si solo actuaran para el mero avance de la historia.

¿Por qué lo desean?

Por qué desean ese objetivo y no otro. Puede ser por necesidad, por capricho pero nunca una excusa para la historia. Los deseos provocan motivación y esto se trasmite en las acciones. Si un personaje actúa por miedo a represalias mostrará una voluntad distinta a otro que lo haga por curar la enfermedad de alguien querido.

¿Qué hacen para conseguirlo?

Esta pregunta hace referencia a cómo participa el personaje en la historia. Sus acciones determinarán el avance. Dependiendo de su personalidad, objetivo y motivaciones intervendrá en la historia con mayor o menor impacto. Un personaje principal contará con mayor relevancia que un secundario.

¿Qué les detiene?

Son las dificultades que encuentra o a las que se enfrenta para conseguir su objetivo. Pueden ser otros personajes o carencias físicas o materiales. Son los impedimentos que encontrará durante la trama.

¿Cuáles son sus consecuencias?

Las consecuencias de participar en la historia, de buscar sus objetivos y enfrentarse a las dificultades. Cada decisión tendrá un resultado para bien o para mal, produciendo el avance de la historia.

Las consecuencias también son la evolución de los personajes, las diferencias que guardan respecto al comienzo. Los buenos personajes evolucionan: aprenden de la experiencia o adquieren traumas por las adversidades. Al final de toda historia debemos preguntarnos cómo han cambiado los personajes.

@NeoToki0

[Reseña]Cuentos completos I Philip K. Dick

Cuentos completos I Philip K Dick
Portada del libro

Cuentos completos I es la primera parte de 5 que agrupa los relatos del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick(1928-1982). Si no lo conocéis, se trata del autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? libro que se adaptó al cine como Blade Runner. Las historias de P. K. Dick inspiraron en gran medida a la ciencia ficción de Hollywood y en consecuencia a la forma que la sociedad concibe la sci-fi en general.

Este libro recopila los primeros 25 cuentos con alguna inclusión inédita. El tema central es la ciencia ficción pero alejándose del rigor de otros autores reconocidos de su época como Isaac Asimov. Esto no los hace peores cuentos sino que a veces cruza la delgada línea de la fantasía. Los personajes pecan en general de planos. Se nota que son anteriores a la Nueva Ola donde el género profundizó en la psicología de los personajes.

Encontramos mundos futuristas con naves espaciales, viajes temporales, planetas colonizados o la paranoia de la guerra atómica que trajo la guerra fría. En los cuentos descantan giros e ideas que hemos visto en grandes películas del cine, como la paradoja temporal que encontramos en doce monos. Existen situaciones donde una pantalla de mentiras protege a la sociedad de ella misma, planteando preguntas sobre el sentido que tienen los individuos en su vida cotidiana, las guerras, o simplemente lo que suponen los avances tecnológicos. Me ha sorprendido un cuento con retazos de la película Toy Story aunque con juguetes menos amigables.

Por contra, se nota que son los primeros cuentos de Philip K. Dick. Algunos relatos contienen recursos pobres o anticuados comparados con los que encontramos ahora, pero esto no significa que contengan ideas simples. Introducirse en la novelas del autor puede ser frustrante por su forma de tratar los temas. Empezar por sus relatos es el mejor camino para leer y apreciar sus obras más relevantes.

Personalmente, me ha gustado mucho. Lo recomiendo porque a pesar de ser historias con sus años, las ideas son muy originales y vemos como algunas han evolucionado con el paso del tiempo. Imprescindible para cualquier fan de la ciencia ficción.

@NeoToki0

La muerte del autor

La muerte del autor
¿Por qué debería morir el autor?

Hoy quiero hablar sobre la muerte del autor, un tema muy interesante a la hora de valorar una obra. No tiene nada que ver con técnicas narrativas, es una teoría sobre el enfoque que tiene actualmente un lector al leer un texto.

¿Qué es la muerte del autor?

La muerte del autor, o la desaparición del autor, es una idea filosófica de la literatura moderna donde se especula sobre la relación que existe entre un lector y un libro. La teoría cuenta que aunque el autor participa en la escritura, durante la lectura solo existe un texto y quien lo consume. Cuando un autor finaliza un texto deja de pertenecerle, pasa a disposición de la cultura, de la gente. Cada persona asimilará la historia de distinta forma, sufrirá diferentes interpretaciones como lectores pudiera tener.

Toda historia ya se ha escrito con anterioridad. No existe nada nuevo, cada texto que leemos es una recopilación y reinterpretación de otros anteriores. A pesar de existir infinidad de ideas, no pertenecen al autor, derivan de otras. Por esta razón una obra no le pertenece.

Roland Barthes: La muerte del autor

Rolanf Barthes (1915-1980) fue un escritor y filósofo francés que escribió una teoría titulada “La muerte del autor”. Redefinió el concepto de autor con un análisis donde explicaba que la escritura es un acto de reconstruir, de reformar textos anteriores que pertenecen a la cultura. Aquí es donde el autor muere. Un autor trata de apropiarse de una ideas culturares, poniendo al día historias del pasado, mostrando su propio punto de vista.

Barthes aseguraba que el autor debe desaparecer, para dar paso a la interpretación de los lectores. Los autores son una figura moderna que tratan de beneficiarse con una recopilación de citas ya existentes. Dotándolas de una firma, tratándolas como propias y originales. La idea de pertenencia llegó a la literatura moderna con una clara influencia capitalista.

La teoría es mucho más compleja pero su conclusión discutía sobre la importancia que se le da actualmente al autor por encima de la obra. El mayor ejemplo son las editoriales, no buscan libros por muy buenos que sean sino autores que puedan contribuir beneficios. Otro ejemplo son los grandes escritores, con solo saber que ellos están detrás van a vender más que el mismo libro con la firma de un desconocido.

Michel Foucault: ¿Qué es un autor?

Michel Foucault (1926-1984), escritor, historiador y filósofo que trató la muerte del autor con su texto “¿Qué es un autor?” Expone la idea de obra como un modo de que el autor sobreviva a la muerte, dotando a su trabajo de una huella para recordarlo si cuenta con la suficiente importancia. Conocemos a muchos autores del pasado porque sus títulos perduraron y se les atribuyen. Entonces es cuando se pregunta qué es una obra, con un resultado parecido al de Barthes. La obra es una recopilación de textos anteriores donde el autor no es el propietario absoluto ni responsable de las ideas que plantea.

Una obra es la agrupación de citas donde todos podemos participar: utilizándolas, cuestionándolas o discutiendo sobre ellas. Si un autor se apropia de unas ideas, este transcenderá tras su muerte al convertirse en una extensión de su trabajo.

La obra debe matar al autor para devolver esas ideas a la sociedad. Para Foucault el autor es una manera de individualizar un contenido global.

La importancia del autor en la actualidad

La muerte del autor da pie a discusiones muy interesantes. La más relevante es como la persona detrás de una obra es tan importante como para decidirnos por leer un título o, todo lo contrario, no querer saber nada de su trabajo.

stephen king el resplandor
Portada de El resplandor

Cualquiera que observe una portada de Stephen King, Kell Follen o cualquier otro autor reconocido notará como su nombre destaca incluso sobre el título, ocupando el mayor espacio posible. Su nombre es sinónimo de ventas, en este punto observamos como su obra da igual, el autor eclipsa el contenido.

A la hora de valorar un contenido también tenemos en cuenta a quién lo escribe. Si leemos un autor que nos apasionan tenderemos a fijarnos en lo positivo y pasar por alto los defectos. Por contra, están los autores que nos disgustan, donde cada minucia fuera de lugar será la excusa perfecta para ponerlo a parir.

Un ejemplo recurrente es Hitler, el cual aparte de ser responsable de uno de los episodios más terribles de la humanidad era pintor y escritor. Solo por la figura que nos ha llegado de él, tratar de reconocer su talento artístico es un ejercicio que acaba influenciado de algún modo. No podemos ser objetivos independientemente de la calidad que tengan. La figura del autor acaba condicionando la obra.

Incluso hubo épocas donde las mujeres tenían que firmar con un apodo masculino para conseguir publicar, en un acto machista por parte de la sociedad donde la mujer era repudiada como autora. Sin valorar el contenido como tal.

Cuando el autor no muere

A pesar de lo interesante que pueda ser la muerte del autor es un concepto que no se llega a aplicar. A día de hoy, el nombre del autor es lo más relevante para alcanzar el éxito en el mundo de la escritura. Solo hay que ver la importancia de tener un blog, participar en las redes sociales y construir un nicho que se convierta en público objetivo.

Del mismo modo, cuando un autor hace comentarios controvertidos respecto a ciertos temas muchos evitan consumir sus obras como rechazo. Valorando las ideas del autor sobre la calidad del producto.

La mayoría de personas no lee obras sino que lee autores. También es consecuencia de ir a lo seguro. Si nos gusta el estilo o las historias de un autor determinado, para qué perder el tiempo con alguien nuevo. Nos vemos influenciados a la hora de consumir. Hasta un Youtuber venderá muchísimo por su popularidad aunque encontremos una calidad mediocre o cuando escriben por él. Pero esto ya sería entrar en un concepto de marketing, en la figura de autoridad donde nos fiamos más de nuestros ídolos o de la gente influyente que de las recomendaciones de un desconocido.

Comentad qué os parece la muerte del autor, cómo participáis en esta idea o si tenéis alguna duda. Cómo influyen los autores cuando leéis o a la hora de elegir un libro. Espero que este concepto expanda vuestras mentes en futuras lecturas.

@NeoToki0