
Por fin se acaba el verano. Adiós a este calor insoportable, al menos durante un tiempo. Vuelve la rutina, y ya tengo a punto el manuscrito de mi relato para enviar a Windumanoth. Cosa que me dará más tiempo para el blog.
Pero vayamos por partes, ha terminado la séptima temporada de Juego de Tronos. ¡Tranquilos! No hablaré sobre lo que me ha parecido la serie, si ha sido un desastre o una maravilla. Lo cierto es que no la he visto. En su día comencé a leer los libros y quería disfrutar de los siguientes en el mismo formato, cuando Martin los termine en el año 2052 o por ahí. No por considerarme purista, simplemente por la misma razón que no he visto casi nada de Walking Dead, de Vikings o cualquier otra serie mainstream.
El problema, y lo que quiero tratar, es la desfachatez por parte de muchas personas y otros tantos medios por compartir información sobre Juego de Tronos sin ton ni son, con detalles importantes para regocijo de los que se mantienen al día de la serie y destripes para los que no han podido o no quieren ver la serie.
Sí, irremediablemente me han destripado muchos detalles sobre la trama, aunque falta por saber si se distanciarán mucho de los libros.
Me pregunto cómo hubiera sentado si por allá en 2011 me hubiera dedicado a destrozar la serie de moda a todo ignorante que se atreviera a introducirse en ella. Seguro que mi Twitter y Facebook estarían más vacíos que el corazón de Joffrey.
El caso, que no solo han sido imágenes o memes por parte de consumidores ignorantes de la serie, sino un bombardeo con detalles relevantes en la publicidad de las redes sociales, sobre todo Facebook. Titulares rimbombantes acompañados de una imagen por si quedaba alguna duda.
Después de meditar un poco, los spoiler importan poco. Me lo tomaré como cuando leo libros o vuelvo a ver películas una segunda vez.
Lo que sí me ha dado pena es lo triste de la situación actual de nuestra sociedad. Con una idea del todo vale para rascar un puñado de visitas o me gustas. Tengo muchos conocidos que consumen contenido mainstream al día de salida porque creen que sus círculos cercanos van a destriparle. Me pregunto cuánta gente ve contenido por voluntad propia y cuanta lo hace por presión social.
Mientras tanto, el libro que acompaña la cabecera de mi cama es una recopilación de las obras de Shakespeare, estoy leyendo algo que se escribió hace 400 años y cuando lo termine no tendré amigos con los que discutir el contenido. Tomé la decisión de leerlo por mi deseo de convertirme en escritor, y antes de MacBeth o Romeo y Julieta andaba con un libro de Mundodisco, algo que personalmente prefiero. Igual que me ha dado por ver la tercera temporada de Twin Peaks, una maravilla y destrozo de mente por partes iguales, y otra vez sin amigos con los que hablar.
Cuando veo a una sociedad consumir lo que autoimponen las modas en vez de usar su propio criterio, me pregunto si hice bien con mi andadura para ser escritor. Quizás solo son desvaríos de un demente.






