La narrador en tercera persona es común en las novelas de ficción donde queremos escribir sobre una historia sin limitaciones. El narrador en primera persona cuenta con sus beneficios pero ahora os hablaré sobre las ventajas de la voz omnisciente.
Ilustración de Chiaki Ida
Proporciona objetividad
Al usar el narrador en tercera persona se consigue un punto de vista objetivo. No se centra en la visión que tiene un personaje concreto sino en todos los que consideremos trascendentales. Un narrador que se encuentra fuera de la acción debe contar la historia al lector con la mayor objetividad posible. Como lo haría un mero espectador, sin que su opinión influya en los sucesos.
Puntos de vista de diferentes personajes
Quizás sea la mayor ventaja de este narrador. Es capaz de moverse con total libertad por la historia y entre los distintos personajes. Es posible mostrar diferentes puntos de vista para que el lector comprenda que sentimientos o motivaciones mueve a cada personaje. Sin la restricción de conocer a tan solo uno de ellos.
Voz del autor
No existe ninguna restricción con el lenguaje del narrador. Cuando escribimos en primera persona, el lenguaje debe reflejar la personalidad del personaje, la tercera persona es mucho más flexible con el tipo de palabras que se usa. Dispone de una mayor riqueza de vocabulario.
Acción mucho más dinámica
Cuando tenemos flexibilidad en el lenguaje, tenemos posibilidad de ser más descriptivo con los hechos que sufren los personajes. Potencia el interés del lector en la trama. Los acontecimientos se desarrollan sin necesidad de que los personajes los vivan en ese mismo instante, lo que genera suspense e interés de seguir leyendo.
Autor: coordinado por J. Javier Arnau Editorial: Kokapeli Descripción de contraportada:
Podríamos decir que, además del padre, Howard Phillips fue ideólogo de los Mitos de Cthulhu. Cuando comenzó a producir los cuentos, no tenía en mente otra cosa que explorar el terror primigenio —ese que enfrenta al alma humana con los terrores de un cosmos desconocido— como eje de sus historias. Pero, pronto comenzó una relación epistolar con otros autores, el Círculo de Lovecraft, del que surgieron una serie de narraciones que compartían una serie de elementos y que engrosaron el corpus de los llamados Mitos de Cthulhu.
En esta antología, muchas décadas después, un grupo de autores españoles nos ofrecen sus propias exploraciones de los Mitos de Cthulhu. Aquí, encontraremos a autores que han frecuentado de manera asidua los Mitos junto a otros que los abordan por primera vez. Leeremos relatos ajustados al canon de los Mitos, otros más fronterizos y algunos experimentales. Los hay de terror puro, homenajes, humor y hasta alguna parodia. Los autores noveles se mezclan con otros muy veteranos, y los cuentos de manera expresa para la antología lo hacen con otros que ya fueron publicados hace años.Todos juntos, nos dan una panorámica bastante ajustada —aunque, como siempre, incompleta— del influjo que los Mitos de Cthulhu han tenido y tienen en los escritores de fantástico español.
Incluye los cuentos: «Los ojos de Yog-sothot», de Beatriz T. Sánchez; «El horror sin nombre», de Javier Redal; «El color que salió del agua», de Nieves Delgado; «Arrastra las palabras», de Laura López Alfranca; «El cuadro negro», de Heberto de Sysmo; «El heredero», de Juan José Tena; «La invocación», Marta Martínez Velasco; «Advenimiento», de Pablo García Naranjo; «La Hermandad del umbral de la vida», de Aída Albiar; «Whateley terminal», de – León Arsenal; «Yamata-no-orochi», de Sergio Mars; «En el inframundo», de Javier Arnau; «Origen», de Sonia Córdoba y Alberto Valverde; «Abdel Muta’al», de J.E. Álamo; «Infiltrada», de Ramón San Miguel; «El demonio está aquí», de Gabriel Romero de Ávila; «Final de trayecto», de Ramón Muñoz.
Transcrepuscular. Los Ojos bizcos del Sol/1
Autor:Emilio Bueso Editorial: Gigamesh Descripción de contraportada:
Esta es la historia de una búsqueda más allá del ocaso que arranca con el canto de los caracoles, entre huertos surcados por escarabajos de tiro, que deja atrás los establos de libélulas y refugios de tormenta, los templos de los animistas y los círculos de dólmenes de los astrólogos, y que se adentra por los laberintos del hielo siete y bosques de helechos plagados de arañas gigantes. Es la historia de un viaje desquiciado en busca de respuestas a preguntas que nadie comprende hasta el final de las tierras en las que nunca sale el sol. Somos un grupo pequeño: mi señora y su brujo; un foragido ventrílocuo; mi babosa, mis espadas y yo mismo. Y cargamos el peso del mundo en los hombros.
La simbiosis como posible motor evolutivo es el gran descubrimiento implícito de Transcrepuscular, la última propuesta narrativa de Emilio Bueso y la primera entrega de una trilogía de ciencia ficción en la que pone en evidencia la visión etnocentrista del mundo que tienen los humanos asilvestrados. Bueso abraza el formato de una road movie y, en medio de una narración pirotécnica, se sirve de sus personajes para mostrar diferentes estructuras sociales de explotación y denunciar los procesos de adoctrinamiento y supervivencia sobre los que se asientan sus personalidades. Una nueva y espectacular novela del autor de Cenital, Esta noche arderá el cielo y Extraños eones.
La voz interna o el narrador en primera persona es el método más popular en la actualidad para escribir novelas y relatos. En este artículo os detallo algunas de sus ventajas frente a otros tipos de narrador. Antes de comenzar, os aclaro que necesitáis una voz interna encantadora, que seduzca al lector. De otro modo, conseguiréis un efecto contrario al deseado. Así que practicad y escribid mucho para encontrar vuestra propia voz.
El narrador en primera persona nos acerca al protagonista
El lector conectará mejor con el personaje
Al ser el protagonista, o un secundario, el encargado de contar la historia, entonces será más cercano al lector. Transmitirá sus sentimientos, razones y punto de vista de sus acciones desde un primer momento. Esto es lo que buscamos para enganchar con nuestra historia, crear simpatía.
Aunque simpatizar no quiere decir que el protagonista sea una buena persona. Pero entenderemos su situación y comprenderemos que le lleva a actuar de ese modo.
Define fácilmente la personalidad del protagonista
Con la tercera persona, son las acciones lo que definen al protagonista y al resto de personajes. Se perciben desde fuera.
Con el narrador en primera persona, filtraremos todo el mundo y la propia historia por medio del protagonista. Es más íntimo y cercano. Conoceremos su punto de vista y opinión a cada paso que dé la narración. Toda la información mostrada será acorde a su personalidad.
La historia contará con una mayor credibilidad
Esta ventaja es consecuencia de las anteriores. Cuando sentimos que alguien cercano es el narrador de la historia, nos trasmite los hechos como lo haría un amigo o cualquier otra persona de confianza. Por ello, abandonaremos nuestro pensamiento crítico y asimilaremos la información de un modo más veraz. Aceptaremos los elementos fantásticos que son normales en la novela.
Si tienes alguna duda o sugerencia utiliza los comentarios. Conoce las ventajas de narrador en tercera persona.
Cuando nos disponemos a escribir un relato o una novela, nos enfrentamos a muchas decisiones claves para crear una historia interesante. Una de las más importantes es elegir entre los tipos de narrador. Hay que tener claro lo que buscamos con nuestra historia al elegir entre las diferentes voces narrativas, pues de ella depende conectar con el lector para activar su imaginación y transmitir mayores emociones.
El Lazarillo de Tormes
El narrador
Tengamos en cuenta que el narrador no es quien escribe una historia, sino quien la cuenta. De él no solo depende el punto de vista, también el nivel de conocimientos que transmitiremos al lector. Entre los tipos de narrador distinguimos entre el interno, cuando es un personaje el que cuenta la historia y solo conoce su punto de vista, y el narrador externo, si cuenta la historia desde fuera y dispone de toda la información sobre el pensamiento, pasado y cualquier otro detalle de los personajes.
Narrador interno o primera persona
El punto de vista recae sobre un único personaje que contará la historia desde su perspectiva, pudiendo ser el protagonista o un testigo, personaje secundario que cuenta la historia del personaje principal. El narrador puede explicar sus experiencias al mismo tiempo que las vive, en presente, o después de que ocurran, en pasado, un método bastante utilizado. Si cuenta los hechos en pasado entonces el personaje conoce todo lo que va a ocurrir previamente, esa información sirve para atraer la atención del lector con técnicas narrativas como in extrema res o in media res, pero nunca podrá hablar sobre acontecimientos que no conozca, como pensamientos de otros personajes.
Narrador externo o tercera persona
Con este modelo, el narrador no es un personaje, se trata de una entidad externa. Este punto de vista no tiene límites de conocimientos, pudiendo transmitir los pensamientos de algún personaje en concreto, de varios o de ninguno, y ser un mero espectador.
Narrador externo omnisciente
Conoce todo sobre la historia, tanto el pasado como los acontecimientos futuros. Es capaz de entrar dentro de la cabeza de cualquier personaje para expresar sus pensamientos. Funciona como un dios que está presente en todas partes.
Narrador externo omnisciente alter ego
Cuenta la trama del mismo modo que el anterior pero centra sus conocimientos sobre un único personaje, generalmente el protagonista.
Narrador cámara o externo deficiente
Actúa como un mero observador, a modo de cámara, sin saber que pasa por la cabeza de nadie. Solo puede transmitir los hechos y las reacciones de los personajes. Es el lector quien debe interpretar como se sienten los personajes y las razones por la que actúan.
Ilustración de Chiara Bautista
A modo personal, tengo una gran predilección por el narrador externo omnisciente (alter ego). Cuando escribo me siento más cómodo con la tercera persona, siento mayor libertad para contar la visión del interior de mi cabeza. Aunque no hay que menospreciar el potencial de la narración interna, el motivo de no usarla puede ser que no he encontrado una voz narrativa adecuada para escribir y de hecho no recomiendo utilizarla a menos que contemos con una buena voz en primera persona. El narrador interno dispone algunas ventajas, como facilitar la empatía con el lector, cosa que repercute en una mayor credibilidad para la historia.
Clavo atravesaba las montañas de basura de camino al agujero donde vivía, todas las tardes recorría la misma ruta en la Ciudad de los Desperdicios, aunque allí no había ciudad alguna. La zona era el resultado de acumulaciones de escombros a cientos de kilómetros a la redonda, herencia de las viejas generaciones que poblaron el mundo, lejos de las ruinas de cualquier vieja ciudad. Tampoco había viviendas, los habitantes de la Ciudad de los Desperdicios se escondían entre los pequeños recovecos, con aspecto de cuevas, que formaban los desechos apilados.
Contaba el puñado de créditos que ganó vendiendo chatarra en la Fundición, ocultaba la alegría tras la máscara de gas que le protegía de los gases tóxicos acumulados en el ambiente. Aquel día encontró un artefacto interesante mientras rebuscaba entre metales para vender la basura, se trataba de un lanza arpones roto pero en unas condiciones bastante fáciles de reparar. El mecanismo no estaba oxidado, ni sus piezas herrumbrosas o deformadas. Incluso contenía un arpón con un cable metálico.
Su camino le condujo hasta la Plaza de Fin, un pequeño claro entre la basura en cuyo centro se erigía una gran torre de metal oxidada, la misma torre que le daba nombre a la plaza. La torre de metal, cuya entrada la sellaba una puerta blindada, tenía las paredes lisas y oscuras por la contaminación, su techo incidía en los cielos asomando entre las montañas de escombro que la rodeaban. Existía una vieja leyenda entre los habitantes de los alrededores, se decía que cuando el espíritu de los humanos se torciera hacia la oscuridad un ser horrible surgiría del interior de aquella torre y provocaría el fin del mundo conocido. Por esa misma razón nadie vivía cerca de allí, nadie excepto Clavo que siempre sintió una gran pasión por el edificio.
–Si pudiera subir hasta lo más alto de la torre, contemplaría lo que hay más allá de la Ciudad de los Desperdicios –se dijo a sí mismo.
Clavo se sentó en un rincón cómodo, abrió su mochila y preparó las herramientas. Con cuidado examinó el lanza arpones, y poco a poco lo desarmó, estudiando el mecanismo y calibrando cuál eran las piezas defectuosas.
Con su dominio de maquinaria, en menos de dos horas ya entendía todo el funcionamiento del artefacto, acopló el lanza arpones a su brazo izquierdo mecánico junto a un sistema de poleas para recoger el cable metálico del proyectil después de dispararlo.
Apuntó con su brazo hacia la cúspide de la torre y tras unos segundos activó el disparador hidráulico. Una línea provocada por la cuerda dibujó un surco en el aire hasta que el arpón impactó en la cima, luego, cuando la cuerda se detuvo, Clavo la agarró y tiro con fuerza hasta tensarla, volcando todo su peso para comprobar que estaba bien agarrada. Al notar que no cedía, accionó el mecanismo de retroceso de la cuerda y esta vez fue Clavo quien salió disparado.
Una vez en la cima de la torre, lanzó un grito de sorpresa por el increíble horizonte que se extendía más allá de las montañas de desperdicios. Por el sur asomaban los rascacielos en ruinas de la gran ciudad donde hacía siglos vivieron los humanos, de la que contaban tantas historias ya fueran verdaderas o no. Al otro lado, en el norte, se levantaba una majestuosa cadena montañosa de picos nevados, lugar del que nunca antes oyó hablar.
Cuando se recuperó de la maravillosa panorámica, intentó recuperar el arpón, pero estaba fuertemente incrustado en el borde del precipicio, desenganchó la cuerda y fue consciente de que el techo era liso y negro por la herrumbre, como las paredes de la torre.
Llegó el crepúsculo y los cielos se tiñeron de colores cálidos, para Clavo el tiempo se había detenido, contemplaba absorto el horizonte hasta que cayó la noche y las estrellas inundaron el cielo. Recordó que el arpón estaba inutilizado y recorrió el techo valiéndose de la luz de la linterna acoplada en su muñeca. Los bordes eran lisos, sin ningún saliente que le ayudara a descender.
Pensó que la única salida era amarrar de nuevo la cuerda al arpón y deslizarse por ahí, entonces fue cuando encontró una baldosa que sobresalía del resto del suelo. Con la ayuda de sus herramientas, levantó la chapa oxidada y descubrió una exclusa pero esta vez sellada con tuercas de seguridad de una forma que Clavo no reconocía. Aun así, la experiencia de Clavo desmantelando chatarra dio sus frutos, desenroscó todas las piezas que bloqueaban la esclusa y finalmente separó la tapa.
Alumbró con la linterna de su muñeca, la luz penetraba hacia el interior pero el haz era rodeado por una completa oscuridad. Entre las tinieblas nada se distinguía, las sombras anidaban agazapadas en los rincones y ninguna figura se apreciaba allí abajo.
–Necesitaré la cuerda para bajar –se dijo con un impulso instintivo de conocer el interior de la torre, pero luego recordó las historias sobre los seres horripilantes que habitaban dentro.
Algunos decían que la torre albergaba criaturas capaces de devorar cualquier tipo de vida del planeta, otros pensaban que cuando se abrieran las compuertas selladas expulsarían al exterior todo tipo de enfermedades letales. También hablaban sobre un ejército de androides, o una camarilla de brujas con poderes mágicos inimaginables.
Mientras cuestionaba sobre los peligros de bajar, se le escapó la herramienta con la que jugueteaba con las manos. Con un acto reflejo intentó atraparla pero solo consiguió resbalarse del borde y caer.
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