Cómo dotar de profundidad a los personajes

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Las máscaras ocultan la verdadera personalidad

Los personajes y las estructuras narrativas viven en simbiosis dentro de las historias. Los personajes son el motor, muestran al lector el mundo que los contiene, lucen sentimientos y se relacionan entre ellos. Las estructura narrativas son las sendas que recorren los personajes de las cuales os he hablado en bastantes ocasiones. Hoy nos centraremos en los personajes, con una forma de potenciarlos.

El personaje y su caracterización

La caracterización la definimos como el total de cualidades que se pueden observar en una persona (o personaje). Su personalidad, la forma de hablar, la gesticulación, el tipo de ropa que viste, peinado, etc. podríamos decir que la caracterización es la primera impresión que tenemos de una persona al conocerla, o la imagen que transmite alguien famoso por los medios de comunicación.

Pero no nos confundamos, la caracterización no define a un personaje al completo. Tan solo es un atributo más del conjunto, la máscara que oculta la verdadera personalidad. Una herramienta que utilizamos todas las personas para integrarnos en la sociedad y no ser rechazadas por ser o pensar diferentes.

Muchos autores se valen de la caracterización para definir a sus personajes y punto. Los valores que muestran al principio los definen hasta el final de la historia. Quizás evolucionen, adquiriendo nuevos valores o corrigiendo defectos, pero nunca se desprenden de sus máscaras. Es un gran error generalizado.

El poder de la presión

Para sacar a relucir el verdadero comportamiento de una persona lo mejor es utilizar la presión. La presión como riesgo. Forzar a tomar decisiones que tengan tanto consecuencias negativas como positivas. Desde una posición cómoda es muy fácil elegir, la presión muestra la verdadera naturaleza de cualquiera.

Aunque la presión absoluta también es engañosa. En muchas historias populares, que siguen el viaje del héroe, el protagonista pierde todo lo que daba sentido a su vida cotidiana antes de embarcarse a la aventura. Por ejemplo, en La guerra de las galaxias Luke pierde a sus tíos antes de seguir a Obi-Wan. Pero su primera decisión, al enterarse de la auténtica condición de su padre y la posibilidad de convertirse en Jedi, fue volver al trabajo lamentando la regañina que se iba a llevar. La verdadera naturaleza de Luke fue cobarde.

Los personajes no son lo que parecen

Si queremos crear personajes profundos hay que jugar con la caracterización, el riesgo y la naturaleza escondida. La mayoría de historias de la actualidad evitan conflictos con verdaderos riesgos. Las personas guardamos sentimientos en nuestro interior, ideas que contradicen a la sociedad y que tratamos de ocultar por el qué dirán.

La trama debe conducir a los personajes a situaciones de riesgo, que cuestionen la moralidad. Imaginad a un hombre que mantiene una relación amorosa con una mujer a punto de dar a luz. Independientemente de las circunstancias, ante una complicación debe decidir si deja morir a la madre o al niño. Separarse de su compañera sentimental o enfrentarse a una madre que perdió a su hijo y no le perdonará nunca. Dar la posibilidad a su hijo de llegar al mundo para crecer o negarle la existencia.

El ejemplo es un tanto exagerado pero sirve para comprender hasta qué límites podemos sorprender comprometiendo a los personajes. Pensemos en situaciones que muestren valor o cobardía, mentira o verdad, avaricia o altruismo, etc. Dotemos a nuestros personajes de defectos que tratan de ocultar a los demás, haciéndolos más realistas. Pero sobre todo alejémonos de la perfección y de personajes planos que nos muestren desde un principio de lo que son capaces sin quitarse nunca su máscara.

Artículo realizado por: @NeoToki0

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