La premisa: la semilla de toda gran historia

premisa semilla
Toda historia cuenta con un origen

El comienzo de una historia es la pesadilla de todo escritor novel, el pánico al papel en blanco (o pantalla de ordenador) sin saber cómo empezar. Nunca recomendaré esperar la llamada de la inspiración para escribir la palabra idónea, no existe ese haz de luz divina que nos embarga y susurra al oído oraciones ingeniosas. La inspiración es la excusa que se imponen los que tienen miedo al fracaso, los que prefieren procrastinar su sueño de convertirse en escritor por una tarea más rápida y satisfactoria.

Para los momentos vacíos de creatividad aconsejo utilizar la premisa. La premisa es una pregunta, un detonante que nos plantea situaciones, nuevos mundos, personajes y todo el universo que rodea a una historia. ¿Qué ocurriría si los hijos de familias enfrentadas se enamoraran? Así nació Romeo y Julieta. ¿Qué ocurriría si viajáramos al futuro? ¿Qué ocurriría si colonizáramos Marte? ¿Y si solo quedara un hombre en la Tierra?

Las premisas son la fuente de inspiración de todo escritor, aunque no seamos conscientes de ello. Trabajar con una pregunta abierta nos propone un sinfín de posibilidades, el ¿qué ocurriría si…? es demasiado genérico, libre a la interpretación de cada uno. Pero antes de rendirte a la hoja en blanco responde a alguna premisa sobre lo que te gustaría escribir. Es un buen comienzo para desarrollar una historia, una base, un origen.

La premisa no es rígida, es flexible y maleable. A lo largo del desarrollo de una historia se puede cambiar e incluso obviar la pregunta. Conforme inventemos situaciones hipotéticas desarrollaremos el tema que trataremos, los personajes con sus características y las tramas que conducirán a éstos.

Las premisas las encontramos en la experiencia: cuando viajamos en autobús, escuchando música, cuando conversamos con amigos o desconocidos, de fiesta, paseando por el parque o donde sea. En el instante que nos invada la cabeza debemos anotar esa ideas en nuestra libreta o móvil. La experiencia nos alerta con visiones que hay que aprovechar. No confiéis en la memoria, apuntadlo.

En el momento de escribir, de comenzar un nuevo cuento o novela. Coge tus apuntes, examina las ideas y responde preguntas. Trabaja en torno a una premisa para construir una gran historia. No esperes a la inspiración. Trabaja y aprovéchate de ella.

Y ahora os propongo una pregunta, ¿qué ocurriría si comentáis que os ha parecido lo que os he contado y si creéis que os servirá de ayuda?

Cómo dotar de profundidad a los personajes

caracterización personajes como
Las máscaras ocultan la verdadera personalidad

Los personajes y las estructuras narrativas viven en simbiosis dentro de las historias. Los personajes son el motor, muestran al lector el mundo que los contiene, lucen sentimientos y se relacionan entre ellos. Las estructura narrativas son las sendas que recorren los personajes de las cuales os he hablado en bastantes ocasiones. Hoy nos centraremos en los personajes, con una forma de potenciarlos.

El personaje y su caracterización

La caracterización la definimos como el total de cualidades que se pueden observar en una persona (o personaje). Su personalidad, la forma de hablar, la gesticulación, el tipo de ropa que viste, peinado, etc. podríamos decir que la caracterización es la primera impresión que tenemos de una persona al conocerla, o la imagen que transmite alguien famoso por los medios de comunicación.

Pero no nos confundamos, la caracterización no define a un personaje al completo. Tan solo es un atributo más del conjunto, la máscara que oculta la verdadera personalidad. Una herramienta que utilizamos todas las personas para integrarnos en la sociedad y no ser rechazadas por ser o pensar diferentes.

Muchos autores se valen de la caracterización para definir a sus personajes y punto. Los valores que muestran al principio los definen hasta el final de la historia. Quizás evolucionen, adquiriendo nuevos valores o corrigiendo defectos, pero nunca se desprenden de sus máscaras. Es un gran error generalizado.

El poder de la presión

Para sacar a relucir el verdadero comportamiento de una persona lo mejor es utilizar la presión. La presión como riesgo. Forzar a tomar decisiones que tengan tanto consecuencias negativas como positivas. Desde una posición cómoda es muy fácil elegir, la presión muestra la verdadera naturaleza de cualquiera.

Aunque la presión absoluta también es engañosa. En muchas historias populares, que siguen el viaje del héroe, el protagonista pierde todo lo que daba sentido a su vida cotidiana antes de embarcarse a la aventura. Por ejemplo, en La guerra de las galaxias Luke pierde a sus tíos antes de seguir a Obi-Wan. Pero su primera decisión, al enterarse de la auténtica condición de su padre y la posibilidad de convertirse en Jedi, fue volver al trabajo lamentando la regañina que se iba a llevar. La verdadera naturaleza de Luke fue cobarde.

Los personajes no son lo que parecen

Si queremos crear personajes profundos hay que jugar con la caracterización, el riesgo y la naturaleza escondida. La mayoría de historias de la actualidad evitan conflictos con verdaderos riesgos. Las personas guardamos sentimientos en nuestro interior, ideas que contradicen a la sociedad y que tratamos de ocultar por el qué dirán.

La trama debe conducir a los personajes a situaciones de riesgo, que cuestionen la moralidad. Imaginad a un hombre que mantiene una relación amorosa con una mujer a punto de dar a luz. Independientemente de las circunstancias, ante una complicación debe decidir si deja morir a la madre o al niño. Separarse de su compañera sentimental o enfrentarse a una madre que perdió a su hijo y no le perdonará nunca. Dar la posibilidad a su hijo de llegar al mundo para crecer o negarle la existencia.

El ejemplo es un tanto exagerado pero sirve para comprender hasta qué límites podemos sorprender comprometiendo a los personajes. Pensemos en situaciones que muestren valor o cobardía, mentira o verdad, avaricia o altruismo, etc. Dotemos a nuestros personajes de defectos que tratan de ocultar a los demás, haciéndolos más realistas. Pero sobre todo alejémonos de la perfección y de personajes planos que nos muestren desde un principio de lo que son capaces sin quitarse nunca su máscara.

Recurso: la damisela en apuros

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Muchos videojuegos también recurren a la damisela en apuros

La damisela en apuros es un recurso narrativo que sirve como detonante para que se produzca la acción. La chica es apresada por los malos y el héroe debe luchar contra las adversidades para salvarla. Es fácil y sencillo, rescatar a la damisela no tiene que ser el objetivo final de la aventura, puede introducirse como una subtrama dentro de la principal.

Aunque con el recurso encontramos un gran inconveniente, crea una figura débil e ingenua de la mujer por la sencillez de encontrarse en aprietos. Por otro lado, la necesidad de que el héroe la salve relega a la mujer a la figura de objeto, un premio para el protagonista por enfrentarse a innumerable peligros. Cuántos rescates habremos conocido que acaban en un beso.

La damisela en apuros se ha repetido tanto a lo largo de la historia que más que en recurso se ha convertido en un cliché narrativo. Lo encontramos en la mitología griega, desde entonces lo hemos visto en películas, libros y cualquier otro medio capaz de contar una historia y seguirá siendo utilizado en el futuro.

Evolución de la damisela en apuros

La solución más intuitiva es dejar de implementarlo en nuestras historias, o invertir los roles. Chica salva a chico. Pero desde mi punto de vista lo mejor sería reinterpretar su concepto. Evolucionar a un peldaño que no sugiera características negativas hacia la mujer.

Si necesitamos de un personaje para provocar la acción, quizás los niños sean mejor opción que una mujer. Niño o niña son personajes más débiles que cualquier adulto. También son personajes que empatizan con los lectores. Tienen una edad en la que nadie desea que les pase nada malo, los protagonistas se esforzarán por salvarlos.

Por otro lado, se puede buscar una causa de rapto por parte de los enemigos que no implique debilidad por parte del personaje apresado, que podría ser hombre o mujer. Como que acceder a la base enemiga para espiar o conseguir algún objeto pero la descubrieron. Una de las formas de salir de los clichés es pensar varias situaciones para un mismo momento y desarrollar la que más nos convenza. Después, en caso de apresamiento, podría ser ella misma, o él, quien consigue escapar valiéndose de su ingenio. Sin necesidad de que venga un príncipe a lomos de un caballo blanco a rescatarla.

Al final, si queremos alejarnos de cualquier recurso cliché lo que necesitamos es pensar situaciones. Conocer el mundo que hemos creado. Pensar diferentes alternativas para la misma situación y trabajar en nuestra historia es lo que generará valor. Lo fácil es recurrir a lo obvio o negarnos a utilizarlo por sus connotaciones negativas.

Recurso: Pez fuera del agua

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Un pez fuera de su elemento

El pez fuera del agua es un recurso narrativo muy sencillo. Se trata de sacar al personaje protagonista de su zona conocida o zona de confort para que afronte retos a los que nunca se había enfrentado. Por ejemplo, cuando una persona rica termina viviendo como un pobre.

Podríamos decir que es una variante más simple del viaje del héroe, al no requerir de los arquetipos y demás elementos propuestos por la teoría. Con el pez fuera del agua solo necesitamos una excusa que coloque al personaje en un nuevo escenario. El recurso es muy fácil de utilizar, ideal para relatos cortos o dar el pistoletazo de salida en novelas.

Su uso requiere de al menos dos escenarios diferentes, el original y donde posteriormente trasladaremos la acción. El original sirve para sentar las bases del personaje principal y presentarlo. Luego, a través de un conflicto o confusión, llegará al segundo escenario donde el personaje se sentirá indefenso y confuso. El objetivo es que al final de la historia el personaje se sienta tan cómodo en la nueva zona como en el origen.

El pez fuera del agua requiere de una trama que lo sostenga, por si solo es una herramienta. Con las tramas universales podemos crear una historia que complemente el recurso y lo dote de verosimilitud.

Hollywood explotó este recurso en películas de humor de los 80, siendo muy efectivo. Alguien de pueblo viaja a la gran ciudad, persona humilde acaba codeándose en círculos de gran poder adquisitivo o viceversa, etc. La eficacia del pez fuera del agua viene del choque entre culturas, algo que puede derivar en malentendidos o situaciones cómicas. Pero sobre todo es un ejercicio de superación, adaptación y entendimiento.

Tipos de viajes en el tiempo: las 3 grandes teorías

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Regreso al futuro es uno de los grandes referentes sobre los viajes en el tiempo

Los viajes en el tiempo son un recurso muy interesante a la hora de escribir ciencia ficción, fantasía o cualquier otro género. Con él, los personajes saltan entre las distintas épocas mientras se forma una trama compleja dependiente del tiempo y sus consecuencias.

Como toda herramienta narrativa, deberemos establecer unas normas sobre su funcionamiento: cómo se viaja, cómo influyen las acciones de los viajeros sobre el pasado, las paradojas que pueden surgir. Las posibilidades son amplias pero su combinación requiere verosimilitud.

En este artículo os hablaré sobre 3 teorías de los viajes temporales que encontramos en libros, series o películas, sobre su funcionamiento y características propias para ayudarnos a crear historias creíbles y fascinantes.

La línea temporal fija

Solo existe una línea temporal. Las acciones de un viaje en el tiempo no tendrían repercusiones en la época de origen. Un ejemplo es la película de 12 monos o el relato La calavera de Philip K. Dick. Las acciones de los personajes son irrelevantes, pueden ser meros turistas o gente que tenga algún interés por otros tiempos.

Si el viajero busca una solución a una catástrofe de su época, este acaba siendo el detonante de dicho evento. Las acciones bienintencionadas son la verdadera causa del problema. Lo que se conoce como la paradoja del abuelo: si alguien mata a su abuelo en el pasado acabará convirtiéndose en su propio abuelo o nunca habría existido para comenzar el viaje. Transformándose en un ciclo interminable para no romper la realidad. Una variante es la paradoja de Hitler: si alguien trata de matarlo antes de comenzar el holocausto, al detener el conflicto, nunca existiría razón para viajar en el tiempo por lo que de algún modo la persona muerta sería sustituida por el verdadero Hitler.

Por su parte, hay quienes tratan la línea temporal fija como un universo muy difícil de modificar pero posible. Para cambiar el mundo se deberían realizar numerosas acciones que repercutieran en la línea temporal. Pero la duda sería si estos cambios afectarían a la época original o se crearía un universo paralelo e independiente.

Línea temporal dinámica

Los viajes en el tiempo son peligrosos. Cualquier acción, por pequeña que parezca, podría derivar en un efecto mariposa de incalculables consecuencias. Un gran ejemplo son las películas de Regreso al futuro. Si la tecnología para viajar es común, existen agentes que tratan de detener a los delincuentes temporales para evitar consecuencias irreparables.

Las acciones que afecten el devenir del mundo generarían una nueva línea temporal. Al volver a la época de origen se regresaría a una época desconocida, consecuencia de las acciones.

La línea temporal es maleable. La paradoja del abuelo puede terminar con nuestra existencia aunque el mundo continuaría su nuevo curso. Solo la existencia de los universos paralelos salvaría al viajero.

Los multiversos

Cada acción o decisión por pequeña que sea cuenta con su propio universo. Una persona rica y poderosa existirá en otra realidad siendo pobre y miserable. La tecnología, los países, la fauna, cualquier elemento que dependa de la influencia temporal cuenta con variables infinitas.

Los universos de los superhéroes como Batman, Superman o Spiderman se respaldan en los multiversos para así evitar los conflictos entre las décadas de aventuras a sus espaldas.

Con los universos paralelos e independientes las paradojas no existen. Los cambios que realice un viajero solo generarían una nueva línea temporal que no afectaría al origen. Las muertes de los antecesores de alguien no harían peligrar su existencia. Aunque no podría volver a la época de origen a no ser que la máquina del tiempo también viaje a través de las dimensiones.

Cómo escribir las transiciones de una historia

Alicia en el país de las maravillas
Alicia en el País de las Maravillas

Por lo general, las historias suceden en varias localizaciones, participan diferentes personajes y, además, ocurren saltos temporales para evitar los momentos monótonos sin ningún interés. Es importante aprender cómo escribir la transición de una escena a otra para agilizar la acción y situar al lector en el nuevo momento espacio temporal en el que nos encontramos.

Cualquier pequeño despiste podría generar confusión. Si pensamos que nos encontramos en un lugar, con unos personajes determinados y en un instante específico del día, y apreciamos una referencia a un escenario distinto, a personajes que no se encontraban allí o pensábamos que era otro momento del día, entonces hemos fallado al cambiar de escena. Es muy importante que el lector conozca en todo momento dónde se encuentra, cuándo y con quién, para no sacarlo del estado de inmersión y deje de leer.

Los pilares de la transición

Hay tres detalles que siempre se deben conocer al cambiar de escena, o al menos intuir: el lugar, el tiempo y los personajes. Con dicha información ubicaremos al lector. Una vez conocidos podremos continuar con el desarrollo de la trama. La transición debe especificarse al comenzar el nuevo párrafo, siendo más o menos extenso si requiere de información que respalde el salto.

El tiempo

Son cambios temporales, los típicos: unas horas después, al día siguiente, más tarde, etc. No es necesaria una precisión milimétrica del tiempo transcurrido, incluso se puede transicionar indicando acciones: después de cenar, al despertar, al terminar el trabajo. Con los saltos temporales descartamos información innecesaria y aburrida.

Cuando escribimos la historia de un personaje disponemos de una cantidad infinita posibilidades narrativas, desde su nacimiento hasta su muerte (Incluso cómo se conocieron sus padres o las consecuencias tras morir). Contar cada situación vivida resultaría aburrido, además de no terminar nunca. Eliminaremos los momentos sin ningún valor para la historia.

Los tiempos de espera solo son importantes si el narrador tiene algo que decir, para aclarar pensamientos, un encuentro inesperado u otros detalles que enriquezcan el conjunto de la trama.

Una mención especial a los flashback, deberán cuidar mucho más la puesta en escena. Retroceder en el tiempo implica mostrar elementos anteriores al comienzo o el punto actual de la historia.

El lugar

El lugar es donde ocurre la acción. Si de repente hablamos de un nuevo lugar sin informar del traslado generaremos confusión. El leyente crea un mapa mental de los elementos del escenario que le proporcionamos.

Siempre que sean localizaciones comunes bastará con aclarar si da un paseo por el parque, llegó a su casa o entró en el supermercado. En cambio, si nos movemos a un lugar lejano o desconocido necesitaremos de información adicional que explique cómo llegó o qué hace allí, siempre que no se citara con anterioridad.

Los lugares nuevos requerirán de alguna descripción sobre todo si pretendemos volver varias veces, para que en futuras transiciones el lector se adapte rápidamente con pocas palabras.

Los personajes

Al igual que el lugar, es imprescindible conocer a los personajes que participan en la escena. Después de donde, aclararemos quienes están. Si alguien sale o entra también es una transición necesaria de conocer.

Los personajes definen el contexto, cada uno de ellos cuentan con información o características diferentes que marcarán el desarrollo, generando tensión con solo su presencia.

Si se muestra el punto de vista de distintos personajes o contamos con varios narradores, entonces el estilo cambiará con la escena. Si además hay cambio de narrador, de primera a tercera persona y viceversa, la transición deberá ser mucho más clara, al menos en las primeras ocasiones o destruiremos la percepción del lector.

Cierre de las escenas

Al cambiar de capítulo, lo normal es terminar la escena anterior cerrando debidamente. Pero cuando realizamos una transición en mitad del capítulo, el párrafo debe concluir o poner en suspenso la acción que tuviera lugar.

Se pueden utilizar Cliffhanger para enganchar al lector o finalizar alguna subtrama, pero el contenido antes de la transición debe contar con sentido propio. El cierre es tan importante como el nuevo comienzo, un cambio brusco confundirá y hará perder el hilo.