Los subgéneros de la ciencia ficción

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Analicemos los subgéneros de la ciencia ficción

Catalogar la ciencia ficción en diferentes subgéneros puede ser tan complejo como definir qué es la ciencia ficción como tal. Las características que definen cada una las divisiones pueden compartir rasgos con otra rama, cosa capaz de confundir cuando queremos referirnos a un subgénero en concreto. Las fronteras cambian con el paso del tiempo, por ello, lo mejor es ser flexible con las categorías.

La clasificación presentada a continuación no es una simple lista, sino más bien una serie de temas en los que se puede agrupar la ciencia ficción alrededor de una regla central. Cada novela pertenece a varios subgéneros. Pienso que estas divisiones pueden aumentar al infinito, aunque los grupos que propongo me parecen suficientes.

La ciencia empleada en la narración

Ciencia ficción dura

La ciencia que encontramos se puede explicar, la tecnología se utiliza con un absoluto rigor. No existen naves espaciales capaces de alcanzar la velocidad de la luz. No se puede viajar en el tiempo. Los implantes cibernéticos, a veces, sufren rechazo por parte del cuerpo humano. La radiación no provoca superpoderes, sino todo lo contrario. La ciencia ficción dura requiere de una buena documentación, y un buen uso de las explicaciones. Algunos de sus autores más característicos son Robert A. Heinlein o Arthur C. Clarke.

Ciencia ficción soft, blanda o suave

La ciencia se tiene en cuenta, pero es más maleable. No es tan estricta a la hora de explicar, y se toma algunas licencias para inventar tecnologías que faciliten la narrativa. Las razones son menos importantes que la trama. Facilita el trabajo a los autores menos experimentados o que prefieren potenciar la calidad del contenido frente al realismo, alejándose del carácter divulgativo. Entre sus autores encontramos a Ray Bradbury, Ursula K. LeGuin o Philip K. Dick.

El tipo de mundo donde se desarrolla la historia

Futuro cercano

El mundo se sitúa a pocos años de la actualidad, quizás a unas decenas de años o dentro de un siglo. Los avances tecnológicos, sociales o filosóficos son más cercanos y predecibles. Un ejemplo es Ready Player One de Ernest Cline.

Futuro lejano

Nos encontramos dentro de miles años o más. En la Tierra o lejos de ella, puede que incluso haya sido olvidada. La diferencia con respecto a la actualidad es abismal, con una ciencia perfeccionada a lo largo de los siglos, o tal vez la ciencia ha sido olvidada. Ha pasado el tiempo suficiente para conocer civilizaciones extraterrestres o instaurar un imperio galáctico lejos del Sistema Solar. La Fundación de Isaac Asimoc es un claro ejemplo.

Ciencia ficción postapocalíptica o postholocáustica

La civilización ha sucumbido debido a las guerras, la contaminación, la rebelión de las máquinas o la falta de recursos. La historia se sitúa entre los esqueletos de grandes ciudades, rodeadas de yermos desérticos, donde reina el caos. Los supervivientes de la catástrofe lidian con criminales, diferentes facciones, contra la radiación o la falta de agua. Un ejemplo es La carretera de Cormac McCarthy.

Mundo alternativo

Encontramos mundos con reglas distintas a la realidad que vivimos, las leyes físicas son diferentes o simplemente nos encontremos en otro mundo remoto. En este género se juega con las diferentes dimensiones e incluso con las paradojas de los viajes en el tiempo. Como ejemplo tenemos Los propios dioses de Isaac Asimov.

Cyberpunk o ciberpunk

Es un futuro cercano donde la masa social vive sometida por multinacionales y gobernantes en un mundo distópico. Además, la tecnología, sobre todo informática, juega un papel importante en la vida cotidiana, por medio de una realidad virtual donde se vive una doble vida o por implantes cibernéticos que mejoran las características físicas. Si queréis saber más sobre el ciberpunk os recomiendo conocer a Nicholas Avedon, escritor español del subgénero. El máximo representante de este género es Neuromante de William Gibson.

Steampunk

La tecnología de este subgénero gira alrededor de las máquinas de vapor, como si nunca hubiesen existido los motores de gasolina. El mundo recuerda a una época victoriana, con una vestimenta y arquitectura sobrecargada donde reinan los engranajes. Encontramos zepelines, barcos voladores e incluso implantes mecánicos que sustituyen partes del cuerpo humanos. Entre sus títulos está Boneshaker de Cherie Priest.

También existen otras vertientes del punk como el biopunk, dieselpunk o atompunk, entre otros, de los cuales no especificaré aquí.

Vinculación con otros géneros

Comedia

Dentro del mundo de ciencia ficción encontramos elementos humorísticos. Es muy frecuente ver humor y ciencia ficción en los relatos de las revistas pulp. Un ejemplo es La guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams.

Criminal

El mundo de ciencia ficción es la base para una novela noir, con elementos de las novelas de detectives. También encontramos policías del futuro o espacial tratando de detener a algún peligroso criminal. Como ejemplo vemos Minority Report de Philip K. Dick.

Terror

Cuando la ciencia ficción se utiliza como base para desarrollar una historia de terror. Un entorno agobiante y aislado en mitad del espacio es el lugar perfecto para sentir el miedo. Un ejemplo es ¿Quién anda ahí?, de John W. Campbell.

Inclinación ideológica

Ciencia ficción humanista

plantea temas que tienen que ver con el ser humano, con su origen o destino en el futuro. Cuestiona la ética de la tecnología y su aplicación egoísta o violenta. También encontramos temas existenciales, además de cualquier otro tema filosófico que implique al ser humano y la ciencia. Un ejemplo es Un mundo feliz de Aldous Huxley.

Ciencia ficción militarista

La historia se desarrolla en torno a un conflicto bélico o los protagonistas son militares. Da igual que sea una guerra con tecnología del futuro entre humanos o contra otras especies extraterrestres. Suele criticar la guerra y su influencia negativa en la psicología del ser humano. Como ejemplo tenemos Starship Troopers de Robert A. Heinlein

Ciencia ficción política

La historia juega con las preocupaciones políticas, a veces con distopías otras con un mundo ideal. La ciencia sirve para presentar una degeneración de la sociedad o un avance hasta la utopía. Como ejemplo vemos 1984 de George Orwell.

Ciencia ficción ecológica

La preocupación por la naturaleza y los recursos que la sostienen también tienen cabida en el género. El padre de este subgénero es Frank Herbert con obras como Dune.

Space opera

Space opera es un subgénero ambiguo de especificar, sería el equivalente en ciencia ficción a la alta fantasía del género fantástico. Encontramos grandes conflictos entre imperios galácticos, con grandes flotas espaciales donde destaca la épica a grandes escalas. Por general, son títulos extensos con diferentes arcos narrativos para enfrentar a un terrible villano que amenaza con la extinción de los seres humanos o el propio universo. Es muy fácil que se adentren en terrenos de la ciencia ficción fantástica. Como ejemplo encontramos La saga de Ender de Orson Scott Card.

La Nueva Ola o New Thing

Por último quería aclarar que existió una corriente experimental entre los años 60 y 70 por parte de algunos autores de renombre, centrándose en la psicología de los personajes dentro de la ciencia ficción. La Nueva Ola se abandonó pronto, pero brindó de una nueva perspectiva al género y evolucionó en otros subgéneros como el ciberpunk.

El Macguffin

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¿Qué guardará la caja?

Una caja cuyo contenido se desconoce presenta un potencial incalculable. Se trata de un elemento capaz de representar esperanza, poder o riquezas. El misterio transmite un sin fin de sensaciones. El Macguffin funciona como un gran catalizador para la imaginación. A veces cuenta con mayor importancia en una trama que el conocimiento.

Un objeto misterioso contiene un potencial equivalente a una página en blanco en manos de un escritor lleno de inspiración. Las historias con elementos misteriosos nos involucran más en ella. Nos hacen sentir atraídos por esa aura magnética de lo secreto, de lo enigmático.

El elemento que hace avanzar la trama

El Macguffin es un recurso narrativo, es el objetos o situacion que ayuda al buen avance de la historia. Alfred Hitchcock atribuyó el nombre al recurso. Quizás por ello se conoce más en el mundo del cine que en literatura.

El Macguffin es un truco. Sota a los objetos de la suficiente importancia como para dirigir la historia hacia una dirección concreta. Se utiliza como anzuelo para llamar la atención. A pesar de ser un engaño es ingenioso, su uso no afecta negativamente como sí lo hace el Deus Ex Machina. En una historia de piratas siempre hay un mítico tesoro que buscar. Ños espías lidian con documentos secretos. En casos más concretos como La Fundación de Isaac Asimov, la gran Enciclopedia Galáctica a pesar de ser mencionada en diversas ocasiones nunca se muestra como tal.

La principal función del recurso es mover a los personajes por los distintos escenarios. El objeto dispone de un gran valor para los personajes pero a su vez se vuelve irrelevante para los lectores conforme avanza la historia. Un abuso o uso equivocado del elemento puede afectar a la historia, aunque sirva de catalizador. Los personajes deben verse espontáneos y evitar acciones forzadas.

Los Macguffin de las historias se pueden cambiar por otro elemento similar en la mayoría de casos. Aquí es donde los autores deben sacar a relucir su ingenio y no conformarse con un objeto cualquiera. Un ejemplo de Macguffin bien elaborado es el maletín de Pulp fiction, el cual crea un aura de misterio entorno a él, provocado diversas teorías por parte de los fans. La película sería la misma si mostrara el contenido pero aquí se ve la elegancia de Tarantino al dotar a ese maletín de tanto misterio.

¿Qué tipo de Macguffin os han resultado más interesante y dónde los encontrasteis?

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Pulp fiction

Las distintas formas de contar la misma historia

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Las adaptaciones entre los distintos medios de expresión, bien sean entre literatura, teatro, cine, cómics, videojuegos, etc., suceden desde que estos son utilizados para contar historias. Es un hecho que se da en todas las épocas y en todos los formatos narrativos, aunque muchos tachen a las adaptaciones de falta de originalidad o saca dinero por parte de sus creadores.

Conducir una adaptación desde un terreno narrativo a otro conlleva una serie de problemas, el principal son los tipos de recursos utilizados en cada medio. No es lo mismo representar una situación escrita que en el cine o una historia recitada en la radio difiere mucho de las viñetas de un cómic.

El obstáculo de adaptar los recursos a otro campo lo realiza un intérprete, es decir, un director, guionista, dibujante o escritor capaz de transmitir las ideas con las herramientas disponibles. Cuando no se solventa con eficiencia este problema nos encontramos con opiniones del tipo: “el libro es mejor”, “la versión original transmite mejor las ideas” o el popular “es una mierda”.

Adaptar una obra al completo es una tarea espinosa, por ello nos llegan muchas obras inspiradas en otras. De hecho, siempre he pensado que nadie crea una obra original al completo. A lo mejor un escritor consigue, siendo tolerante, un 5% nuevo, el resto son ideas recogidas de diferentes fuentes de modo consciente o no. Las ideas se mezclan, se entrelazan y se colocan en nuevos escenarios pero ya se le ocurrió aquello a alguien. Lo que al final aporta un autor es su propio punto de vista, nada más, pero es suficiente.

Todo tiempo pasado fue mejor

Añoramos el pasado creyendo que fue mejor que la actualidad. La idea de todo lo anterior era mejor es muy discutible, aunque haya quienes defienden esta afirmación a ultranza. Este dicho popular acarrea una carga importante de subjetividad, queramos verlo o no. Aunque existen ocasiones que los tiempos pasados sí fueron realmente mejores, pero no debemos tomar la idea como verdad absoluta.

Cuando nos invade la nostalgia despertamos nuestra empatía, nos invaden sentimientos agradables. Recordamos las vivencias de nuestra infancia y adolescencia idealizando los buenos momentos, filtrando los buenos recuerdos sobre las experiencias negativas o aburridas. Series, películas, canciones o libros de nuestra infancia y adolescencia se quedaron grabadas a fuego en nuestra memoria.

El cerebro nos engaña con los recuerdos, a veces son meros fantasmas las reminiscencias de las primeras obras que nos gustaron. Por ello, cuando llegan adaptaciones, o continuaciones, de nuestros títulos favoritos nuestra mente nos induce a unas expectativas altas que pueden acabar en una grave frustración.

Cuando la adaptación supera a la obra original

Al encontrarnos ante una obra maestra o de culto, por norma, su autor trabajó en ella a unos niveles enfermizos, estudió cada avance de la trama, cada personaje y conversación, cada elemento del escenario tenía una razón de existencia. Los elementos de las grandes obras tienen una simbología que proyectan los valores a cuyo alrededor gira la historia. Cuando se intenta adaptar una obra de este tipo sin profundizar en ella se obtienen historias vacías, caparazones sin alma. Esto suele ocurrir cuando los intereses económicos interfieren en la planificación o cuando el encargado de adaptar la historia fastidia la esencia original.

Del mismo modo, existen adaptaciones a la altura pero cuando de verdad olvidamos lo malas que son las adaptaciones es cuando una obra consigue transmitir todas las ideas originales y ampliarlas, dotando de una mayor personalidad al título. Esto ocurre cuando la obra original es más mediocre que maravillosa, cuando alguien transforma una historia que le marcó en el pasado utilizando los recursos con sutileza, eliminando las partes innecesarias e incluso añadiendo cualquier otra que requiriera. Lo importante de una adaptación es construir algo funcional por sí sola, no un calco exacto.

Pero ¿por qué os cuento esto?

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Scarlet Johansson y Motoko Kusanagi

La semana pasada visioné la película de Ghost in the Shell, la cual salió hace poco en cines, basada en una película anime de Mamoru Oshii que a su vez es la adaptación de un manga de mismo nombre de Masamune Shirow.

Poco tiempo tardó la gente en encender sus antorchas por las redes sociales, y en Internet en general, esparciendo comentarios deflagradores hacia la película y hacia su protagonista Scarlett Johansson.

Tampoco es que quiera explayarme en mi opinión sobre la película, me parece entretenida pero sin llegar a la altura de la original. Parece que la sombra de Ghost in the Shell es demasiado alargada. Buenas escenas de acción, momentos mal calcados y abuso de diálogos sobre filosofadas para dejar las ideas mascadas a todos los públicos. Pasará sin pena ni gloria, al menos por la parte que me corresponde.

El problema que veo es la actitud del mundo en general, no es la primera ni la última vez. Gente rabiosa lanzando bilis por las redes sociales con una falta de educación increible. ¿Qué ocurre en este mundo? Solo son historias de ficción, las versiones originales seguirán ahí para disfrutarlas, no se han perdido. Debemos aprender a templarnos en ciertos asuntos, sobre todo en los más insignificantes.

Evolución insospechada

Un bardo en tierras salvajes
Hasta he creado portadas

Este fin de semana, aparte de disfrutar un poco del descanso, he trabajado en un apartado del blog que quería mejorar desde hace un tiempo. He modificado la página con la lista de todos los cuentos de Mundos de Leyendas para darle un aspecto más agradable de cara al público. De paso aprovecho para dar algo de publicidad a mis relatos: se tratan de una serie de cuentos de Ciencia Ficción y Fantasía rápidos de leer y muy variados entre sí de temáticas y personajes. Son pequeños experimentos antes de finalizar mi primer proyecto literario.

El objetivo de este blog siempre ha sido el de mejorar mi escritura, una idea a priori egoísta aunque cierta. No esperaba encontrar a otras personas tan interesantes, al menos tan rápido. Ellos comparten sus cuentos, divagaciones y consejos para escribir. Han conseguido fusionar en mi interior algo de sus ideas y puntos de vista, me han ayudado a evolucionar la perspectiva que tenía del mundo.

Siendo sincero, siempre había escrito en soledad, para mí. Me alegra contar con una pequeña puerta por donde a veces pasan otras personas, algunas simplemente a ojear, otras a dejar su agradable opinión (de momento no he recibido a ningún maleducado) y hasta están quienes dejan huellas más profundas.

Esa puerta también me permite asomarme a visitar otros rincones llenos de ilusión y conocimientos, incluso conocer proyectos solidarios con los que ayudar a mejorar el mundo. Es como si disfrutara de una calle virtual donde mis vecinos comparten la misma afición por la escritura.

A veces dejamos pasar nuestros proyectos por temor, pereza o por imaginar que perderemos el tiempo. Creo que la única manera de evolucionar es arriesgar algo de nuestro esfuerzo para valorar si verdaderamente merece la pena invertir en ello.

Distopías y el referente cultural de la postmodernidad

reflejo

Este artículo era en su origen una respuesta para Proyecto Aesteria, más concretamente para una entrada en su blog que hablaba sobre el abuso de la distopía por parte de la literatura de nuestro tiempo. Se preguntaba cuánto éxito hubiera tenido el Señor de los Anillos si saliese hoy día. También criticaba que en la actualidad no encontramos cabida, en términos generales, para libros que promueven la esperanza frente a la negatividad de las distopías, mostrando una visión decadente de la sociedad que conduce a la autodestrucción.

Ya escribí sobre las diferencias entre el bien y el mal en la alta y baja fantasía, una confrontación entre opuestos absolutos. Pero ante la distopía, me siento en la necesidad de explayarme al catalogarse como ciencia ficción. En la ciencia ficción se rozan cuestiones filosófica y se tratan las reglas con una justificación más sólida y realista que en la fantasía.

Primero querría ahondar en el sentido de la literatura dentro de la sociedad, con un significado más amplio que un mero producto de entretenimiento o una expresión artística del autor. En todas las culturas, antiguas o actuales, se ha utilizado la narrativa para dotarse de significado a ellas mismas afectando al modo que perciben las personas el mundo. Los textos más famosos de un lugar y momento concreto de la humanidad plasman unos ideales y objetivos, marcan el horizonte de ese momento sociocultural.  Cada época que llega impone consigo nuevas ideas que sustituyen otras anteriores más arcaicas. Esto ocurre desde los primeros textos religiosos que proponían una interpretación del mundo hasta los textos de usar y tirar que encontramos actualmente en cualquier tienda de libros.

El postmodernismo

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El pensamiento postmodernista propone la idea de que nada es cierto y todo está permitido. Acaba con las grandes narrativas del progreso surgidas en la época moderna. Pone fin al uso de la razón para explicar el funcionamiento de todos los estratos que componen el mundo. Supone el fin de unas ideas utópicas en la política que propiciaron los más terribles conflictos bélicos conocidos por la humanidad, dejando paso al neoliberalismo. El postmodernismo desafía las reglas y estructuras que componen el mundo, busca eliminar los sistemas de jerarquías verticales.

En un principio, la idea de postmodernismo puede parecer liberadora para el ser humano pero guarda un secreto, un truco. Su definición no es nada precisa, no alberga ninguna meta. Le falta un horizonte utópico.

Debido a la falta de horizonte, la sociedad se ve arrinconada ante un fuerte sentimiento de individualismo, donde predomina el relativismo y la subjetividad. El mundo depende de la visión de cada uno de los individuos para construir la realidad.

A pesar de parecerlo, el individualismo no es algo negativo. Reconoce la propia identidad de las personas y defiende la libertad de cada uno, aunque en esta era que vivimos es muy difícil definirse de modo preciso. A veces confundimos las marcas con seña de identidad. En épocas anteriores la narrativa proporcionaba a los individuos, o viceversa, unas ideas superiores que daban sentido y marcaban unos objetivos claros.

El ser humano actual no aspira a alcanzar a Dios. Duda de Dios, duda de todas las ideas anteriores, de las estructuras y las reglas. El ser humano no aspira a alcanzar ningún mundo utópico, ya no cree en las bonitas promesas de los grandes relatos. El mundo actual es una representación de las distopías que alienan al hombre.

La distopía como reflejo de la realidad

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Ghost in the Shell

La introducción ha sido bastante espesa aunque necesaria para entender la moda de las distopías, pese a creer que la palabra moda le viene un poco pequeña. Dicho género de ciencia ficción es el resultado del estilo vida acelerado que todos experimentamos, donde pocas veces encontramos significados más allá del propio azar. Nos vemos sometidos a un despropósito de reglas contradictorias que proponen las economías y unas élites sociales que escapan de nuestras manos. Las distopías son una proyección de la cruel realidad, donde no existen héroes que salven el mundo. Solo podemos enfrentarnos al sufrimiento navegando a contracorriente o resignarnos a aceptar la inmundicia que nos rodea para convivir con ella.

Aparte de este subgénero de ciencia ficción también encontramos otra vertiente de moda, y otras muchas que no mencionaré, aquella en forma de libros de autoayuda llenos de frases motivaciones, filosofadas obvias y otras ideas espirituales que marcan el camino mediante un pensamiento positivo. Rellenan el vacío causado por el individualismo social y al mismo tiempo el bolsillo de estos profetas del positivismo.

Aquí vuelvo a otro punto del artículo de Aesteria, los “buenistas” (en serio, si alguien ha llegado hasta aquí sin leerlo encontrará serias lagunas). Para mí, este tipo de textos y personas son los “buenistas” que menciona. Predican ideas como “si deseas algo con todas tus fuerzas entonces el universo entero conspirará para que se cumplan tus sueños”. No, personalmente considero que si deseas algo deberás trabajar duro y entonces empezarás a tener posibilidades de conseguirlo. Las actitudes positivas son necesarias para perseverar en nuestras metas pero también hay que tener en cuenta la opción de perder, de fallar en nuestros objetivos.

Aceptar la derrota y el sufrimiento que suponen las etapas duras de la vida nos conduce a la libertad. Libertad no es criticar a Jaume, como cuenta en los comentarios del artículo, por defender su gusto por Tolkien. Eso es tener mala educación haciéndose los entendidos. Las opiniones son como los culos, creemos que todas las demás apestan menos la nuestra.

Toda esta maraña de disconformidades y sentimientos de no llegar a ninguna parte son las que dotan de protagonismo a los libros de distopías. ¿Quién quiere ser un héroe en este mundo individualista que cuando quieres mostrar una opinión distinta te escupen a la cara? Por muy buenas intenciones que tengamos, siempre llegará alguien para recriminar que no pidió nuestra ayuda.

El Señor de los Anillos y su búsqueda del bien

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La Compañía del Anillo

El Señor de los Anillos se publicó en 1954, apenas una década después de la segunda guerra mundial, durante una tensión de postguerra que derivó en la guerra fría. La obra de Tolkien refleja esa lucha contra el mal absoluto para liberar a la Tierra Media de una terrible opresión, ese miedo a lo desconocido. Los buenos lo son y mucho. El mal actúa sin razones, esto es algo que cada vez me repudia más. Me niego a creer que el mal absoluto sea lo extraño, lo diferente, lo desconocido. Al menos Tolkien fue sutil al presentar este cliché, pero esta idea reflejada en tantas películas de más o menos éxito respaldan a la larga el rechazo de los diferentes, bien sean extranjeros, homosexuales o de otras corrientes políticas o culturales.

En este punto, debo añadir que me considero fan del Señor de los Anillos y todo su mundo desde que cayó en mis manos durante la adolescencia. Tolkien trabajó la fantasía de un modo tan elegante que consiguió catapultar el género al gran público, dejando de ser una literatura para adolescentes.

¿Tendría el mismo éxito si saliese ahora en vez de en su época? Me parece una pregunta algo soberbia. Para empezar la fantasía moderna sería distinta sin dicha obra, aunque otra la hubiera sustituido tarde o temprano. Tampoco se hubiera podido reproducir tal cual debido a las influencias que tenemos hoy día. Pero igualmente voy a dar mi opinión: creo que sí tendría un lugar, sobre todo por la riqueza que rebosa, pero seguramente sin la misma repercusión.

Concluyendo que me he extendido demasiado

Alexey Shirokikh nuevos horizontes
Ilustración de Alexey Shirokik

Con la experiencia aprendemos que trabajar duro y con esfuerzo hacia un objetivo no siempre tiene una recompensa merecida, porque la vida es injusta, caótica y a veces dependemos del azar. Por esto me gustan las historias de distopías o la baja fantasía, pero no por ello reniego de todo lo demás.

Ya me cansé de las historias donde hay que darlo todo y luchar siempre por el bien absoluto. La vida se encargó de demostrarme que no funciona así. No quiero un buen rollo artificial, ni empaparme de historias que me propongan que es lo que está bien o mal, estoy cansado de lo políticamente correcto y ponerle siempre buena cara a un mundo. Yo tengo mi propia visión del mundo donde también relucen las cosas buenas. Quiero leer historias con sombras y luces que complementen un todo. También quiero escribirlas.

El objetivo constructivo en las obras no me parece malo, siempre que no traten de adoctrinar con creencias falsas. Sé que las historias de esperanza tienen un lugar donde refugiarse aunque sea en un público más pequeño. Pienso que deberían construirse unos horizontes de paz donde se integren todos los colectivos feministas, LGTB, étnicos y raciales para alcanzar un mundo mejor. Pero este es un camino complicado, todo el que se dedique a allanarlo sin caer en la demagogia tiene todos mis respetos.

Solo me queda dar las gracias por leer a quien haya soportado hasta el final. Un saludo.

El desdoblamiento durante lo cotidiano

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Cuando la mente se separa del cuerpo

Todos creemos estar al mando de nuestro cuerpo, de nuestra mente y el resto de funcionalidades voluntarias. Un movimiento de brazo, agarrar un objeto, alzar la vista hasta el horizonte, dedicar tiempo a las tareas diarias, al trabajo, a disfrutar de las aficiones o a relajarnos.

Aunque a veces discrepo de dicha libertad, siento que la realidad física que sufrimos es tan solo un estado. A veces una reminiscencia impulsa mi mente a pasear hasta los límites del cosmos, mientras mi cuerpo se encadena en la monotonía. La culpa de esto es la costumbre, lo cotidiano y repetitivo. Nos convertimos en máquinas automáticas que funcionamos por instintos.

Al despertar cada mañana, mi cuerpo se abalanza para apagar el odioso despertador. Pero mi mente todavía sigue atrapada en la inmensidad del mundo onírico, agazapada entre las cálidas sábanas, pidiendo un rato más de descanso. Al mismo tiempo, mi cuerpo se encuentra en el baño por inercia y luego camina hasta la cocina para tomar un vaso de agua fresca.

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