El regalo

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Hiro atravesaba las dunas barriendo su frente con sudor. El sol dibujaba con la luz toda la superficie de la arena, sin dejar un solo rastro de sombra. La cantimplora estaba repleta de agua pero su objetivo no era hidratar al viajero.

Pronto aparecieron los restos de una civilización antigua. Crecían algunos pilares desde donde colgaban tripas de cables, también había esqueletos gigantes de lo que antaño fueron guardianes y sobre todo hileras de crucifijos sin nombre donde descansaban muertos sin nadie que los recordara.

En el centro de las ruinas se erigía una estructura piramidal. Hiro ascendió por los escalones de chapa, con cuidado de no tropezar con el cableado suelto. En la cima esperaba un pilar con una cúpula destruida de la que solo quedaban unos dientes de cristal afilados como cuchillas guardando el interior. Hiro abrió con cuidado la cantimplora y vertió el agua sobre la tierra, empapando el brote de hierba reseco que asomaba con timidez.

Un movimiento pesado le alertó. Tiró la cantimplora dentro del cristal y desenfundó la pistola de plasma. Una figura gigante se alzaba cubierta por cataratas de fina arena, uno de los guardianes todavía funcionaba.

Hiro disparó sobre el pecho del gigante. La cubierta deteriorada por el paso del tiempo se fracturó en mil pedazos, como si en el pasado hubiera sido una figura de arena. Pero antes de caer, adelantó el brazo mecánico sobre Hiro, siendo clavado dentro de la cúpula. Cubriéndolo todo de sangre y carne.

A la semana, el brote de hierba mostró su agradecimiento en forma de una hermosa flor.

@NeoToki0

[Relato] Un acto de amor

Crónicas de la Biblia de Aglaia IV

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Capítulo anterior

—La dirección indica el siguiente cruce —dijo Astra.
—Lo mismo dijiste antes —reprochó Giles.
—Lo dije antes de que nos llevaras por el lado equivocado.
—¡Solo te sigo!
—¡Calla! —instó Astra—. Hemos llegado.
Una hilera de chabolas formaba el callejón. Unos niños quedaron absortos al ver a la pareja pasar por allí, corretearon alrededor de ellos con sus ropas roídas y los rostros llenos de mugre. Pocas veces encontraban unos aventureros en su zona de juegos.
—¿Estás segura que nos pagarán bien? —comentó Giles.
—Sí, en el anuncio de la posada hablaba de una generosa recompensa. Quienes buscan los servicios de un hechicero saben a lo que se enfrentan si no pagan el precio acordado. Es aquí.
A Astra le llamó la atención una pequeña talla de madera con forma de demonio sobre la puerta. Cuando llamó, alguien entre abrió y asomó su ojo por la ranura.
—¿Quién es? —dijo una voz de mujer.
—¿Vania? Soy Astra. Leí el anuncio que dejaste en la posada, soy hechicera.
La puerta se abrió del todo.
—Adelante —dijo la joven—. Sed, bienvenidos.
La chica era de una hermosura imposible de explicar aunque vestía ropas humildes. Lucía un pelo color azabache que le llegaba hasta la cintura. La casa era pequeña pero acogedora, la ventana no dejaba entrar mucha luz. Vania les invitó a sentarse y ofreció una taza de té verde.
—Necesito ayuda con mi amado, Ícaro. Pasó hace varias semanas, comenzó a sentirse más fatigado y cansado de lo normal. A pesar de guardar cama y alimentarse todo lo que pudo, la situación empeoraba a cada día que pasaba. Ahora apenas tiene fuerzas moverse. Estoy muy preocupada.
—Astra no es una curandera —cortó Giles.
—No te metas —espetó la bruja—. Supongo que si me necesitas es porque imaginas que se trata de alguna maldición.
—Sí —respondió la joven.
—Entonces condúceme hasta él.
Vania agachó la cabeza y cerró los puños.
—No puedo —dijo—. Su familia no le permite verme, llevamos nuestra relación a escondidas. Él es un noble, y yo….
Las lágrimas no le dejaron terminar.
—¡Vamos! No te pongas así —dijo Astra tratando de calmarla—. Dime dónde vive, nos ocuparemos nosotros.

* * *

En el barrio rico todas las viviendas estaban resguardadas por muros de piedra. El hogar de Ícaros lo precedía un pórtico de acero en forma de alas.
—Solo queremos ver a Ícaros —replicaba Astra—. Si es una maldición lo que padece lo curaré.
—No necesita la ayuda de ninguna vagabunda —impuso el noble entre los guardias de la entrada—. El problema de Ícaros es esa fulana, seguro que le ha transmitido alguna enfermedad rara.
—¿Enfermedad?
—Sí, esa mujer es una puta. Mandé a uno de mis hombres para confirmarlo. Largaos de aquí o llamaré a la guardia.

Astra y Giles se marcharon dando la vuelta por el recinto.
—Esto cada vez se pone más turbio —bufó Astra.
—Si se quieren deberían dejarlos en paz —sugirió Giles—. Siempre que los dos estén de acuerdo.
—¿Notaste algo raro en Vania?
—Dudaba de dónde sacaría el dinero para pagarte. Ahora lo sabemos.
—No me refería a eso. Le envolvía un aura mágica, no es humana.
Astra permaneció pensativa.
—De todos modos si no vemos a Ícaro no nos pagaran —agregó—. Me dan igual sus problemas.
—No todo en la vida es dinero.
—Sin dinero nos moriremos de hambre. Además, te recuerdo que estás en deuda conmigo por permitirte acompañarme.
Pararon en el punto opuesto de la entrada.
—Quédate vigilando —dijo antes de escalar el muro.
En el otro lado todo era tranquilo. Los pájaros cantaban al ritmo del agua que corría por la fuente. Las esculturas adornaban la vegetación colorida. Astra percibió a dos guardias patrullando pero resultó fácil evadirlos entre los matorrales.
Espió las ventanas del edificio hasta que encontró una habitación donde la luz del sol entraba abrigando a una persona en la cama.
—Tú debes de ser Ícaro —anunció mientras saltaba por la ventana.
—Me sorprendería de ver a alguien entrada por la ventana si no la hubiera usado cientos de veces para salir —dijo con voz débil.
—Querrás decir para escapar a ver a Vania.
Astra se acercó y encontró a una persona consumida, casi en los huesos, con aspecto de anciano.
—¿Te manda Vania? ¿Cómo se encuentra? Hace días que no sé de ella.
—Preocupada por ti, por lo demás perfecta. Me envió para ayudarte.
Extendió los brazos y clamó un hechizo de sanación en la lengua antigua. Posó las manos en las extremidades y masajeó las articulaciones. Después, examinó el pecho y el estómago.
—¿Te sientes más relajado?
—Sí —dijo Ícaro con fuerza—. ¿Me has curado?
—No, solo es un hechizo de regeneración. Ya estabas curado. Tardarás un mes en volver a la normalidad, quizás más. Hasta entonces descansa.
—¿Qué me ocurría?
—¿Sabes lo qué es Vania en realidad?
—Sí.
—No me refiero a ser prostituta sino que no es humana.
—Lo sé, no me importa. La amaré siempre.

* * *

Astra pidió a Vania que se encontraran en las afueras de la ciudad, junto a un gran roble que se erigía en un claro del bosque. La joven llegó a la hora convenida, con la ropa humilde de siempre y una tranquilidad rebosante de tristeza.
—Sabías el problema desde un principio, ¿verdad? —dijo la bruja.
Vania asintió. Parte de la ilusión había desaparecido, sus ojos se volvieron totalmente oscuros, sin iris. La lengua asomaba bífida entre los labios y sobre la cabeza adornaban cuernos de cabra. Lanzó una bolsa.
—Es todo lo que tengo, todo tuyo.
Astra agarró el dinero al vuelo y dirigió la palma de su mano contra el demonio.
—Los súcubos encantáis a vuestras victimas para mantenerlas bajo control, pero a veces el hechizo se refleja y os enamoráis mutuamente. ¿Pensabas que prostituyéndote se salvaría?
—También traté de abandonarlo, pero mi amor es demasiado fuerte.
—¿Sabes que si él muere se romperá el hechizo y te olvidarás de él?
—Sí. Prefiero que él se libere.
—Entonces cierra los ojos.
La bruja cantó el hechizo, agarró la trenza pelirroja que colgaba de su cuello para amplificar el efecto y miró por última vez al súcubo. Permanecía serena, a diferencia de Astra que le temblaban las piernas y se le quebraba la voz.
—¡Pilar de llamas! —gritó con lágrimas en los ojos.
Una columna de fuego rodeó a su objetivo, desvelando las garras de las manos y las pezuñas de los pies. El fulgor desintegró el cuerpo hasta que solo quedaron cenizas.

Continuará…

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[Relato] El acuerdo

Crónicas de la Biblia de Aglaia IV

Taberna posada

Capítulo anterior

—Así que eres un caballero de Argus —dijo Astra—. Entonces eres rico. Siempre pensé que en vuestra peregrinación os acompañaba un gran séquito.
—Mi familia es noble, cuenta con grandes guerreros —entonó Giles—, pero su riqueza está lejos de las grandes casas. Solo me ofrecieron para el viaje la espada de mis ancestros y unas cuantas monedas que ya gasté.
—Una manera muy romántica de llamarse pobre. Por un momento imaginé que se acabarían mis problemas con el dinero.
—¿Qué quieres decir?
—¡Ah! —interrumpió Astra—. Por fin llega la comida.
El posadero colocó en la mesa varios platos de carne al horno acompañados de estofado y cerveza fría.
Astra agarró un trozo de carne y devoró hasta dejar el hueso limpio.
—Para ser tan delgada comes como una bárbara del este. ¡Ay!
Astra asestó una patada por debajo de la mesa en la espinilla de Giles.
—¡Estúpido! —bramó con la boca llena—. Ya te he contado que provengo del valle de Neryn. Acaso no escuchas o simplemente está vacía tu cabeza.
—Ese plato es mío —reprochó Giles.
Se unió al banquete, demostrando que tampoco contaba con ninguna vergüenza. El escándalo llamó la atención de las mesas cercanas que murmuraban sobre los modales la pareja.

¡Estaba todo riquísimo! —dijo Astra mientras palmeaba su estómago hinchado.
Apuntó con el tenedor a Giles que la observaba con descaro.
—Ni se te ocurra comentar eso que piensas.
—Entonces cuéntame por qué vienes de tan lejos.
—Muy fácil, para convertirme en la hechicera más poderosa que jamás haya existido.
—No creo que solo te mueva el poder, no pareces una persona malvada.
—Por supuesto que no —respondió molesta—. La gente de mi pueblo se convirtió en obsidiana debido a una maldición. Ninguno de los elementos mágicos contempla el paso de esa piedra a carne. Ni siquiera sé si podría traerlos de vuelta con vida.
Astra agarró la trenza pelirroja de su madre.
—No importa —agregó—, es algo que no entenderías. Demasiada información para un zopenco como tú.
—Ya entiendo, por eso robaste el manuscrito de la Biblia de Aglaia. Buscas un encantamiento que cure a tu gente. Hace miles de años que se perdieron los hechizos más poderosos.
—¿Cómo sabes sobre la Biblia y sus encantamientos? La mayoría de gente piensa que son la herencia de una antigua religión.
—Mi familia no cuenta con mucho dinero, pero las historias de mis antepasados son transmitidas a cada nueva generación. En algunas hablan sobre los fragmentos de la Biblia.
—En mi viaje encontré muchos hechizos poderosos pero me temo la solución se encuentra en una copia completa de la Biblia de Aglaia.
Giles se levantó y desenvainó su arma para colocarse de rodillas ante Astra.
—Entonces —gritó—, en nombre de mi familia prometo ayudarte a encontrar la forma de romper la maldición de tu gente, aunque ello signifique un riesgo mortal.
—¿Qué hablas? Busca algunos bandidos y regresa a tu hogar. No tienes que acompañarme, idiota. Además, todos nos están mirando. No me avergüences.
—Mis antepasados son recordados por sus grandes gestas. Hasta ahora no había encontrado una tarea a la altura. Nada me detendrá hasta que encontremos la Biblia.
—Cabeza hueca —suspiro Astra—. Está bien, levanta ya. Pero tendrás que pagarme con creces esto, solo saldarás este favor cuando me pagues una gran fortuna.
Giles asintió sonriente y estrecharon la mano.
—Ya se ha hecho tarde —sugirió la chica—, me marcho a mi habitación a descansar.
Se alejó hasta la barra para hablar con el posadero señalando a Giles. Luego, el posadero se acercó a la mesa mientras Astra subía las escaleras.
—La señorita ha dicho que usted se encargará de la cuenta.
—¡Ah! Maldita bruja —maldijo—. No me queda dinero.

Continuará…

@NeoToki0

Traidor

adivina relato bruja

En otra época, una guerra terrible e injusta arrasó con una aldea que dejó de existir para siempre. Solo hubo siete supervivientes, siete niños nacidos de madres distintas pero que vivieron como hermanos de forma errante. Fueron su propia familia.

Una noche fría y tormentosa se encontraron con una hermosa adivina en un refugio cercano al camino. Les contó que uno de ellos era un traidor, que debían cuidarse de él. Pero los jóvenes en vez de creerle se rieron de sus palabras. Se mofaron de ella hasta que abandonó el refugio.

Cuando llegó la mañana, encontraron sobre un charco de sangre el cuerpo sin vida de uno de ellos. Desde entonces, cada noche apareció un nuevo cadáver. La paranoia se apoderó de todos, sin entender qué sucedía. Comenzaron a sospechar los unos de los otros.

En la séptima mañana, solo quedaba uno vivo. «Ahora nunca podrán traicionarme», dijo mientras reía y se limpiaba las manos manchadas con la sangre de su última víctima.

@NeoToki0

El poder de la negatividad

yin yang

Buenos tiempos son estos que corren, donde lo único que necesitamos para alcanzar nuestra meta es una actitud positiva. Sí, lo que has escuchado. Recoge esa mascara de tu mesita de noche, la de boca sonriente y mejillas rojizas. Sí, la de mostrar una actitud alegre al mundo. Ahora sal a buscar tu sueño, da igual lo que desees. Tú puedes.

¿Cómo? ¿Guardaste la máscara por qué no funcionaba? No te preocupes, vuelve a lucirla y te ayudaré con el problema. Se positivo, interioriza el sentimiento. ¿No sabes cómo? Sigue mi blog “%#!$^@”, únete a mis redes sociales, compra mi libro. Y sobre todo piensa en positivo, pero no te olvides de todo lo anterior.

«¿No crees que te estás pasando?»
–¡Cállate!

No, no era a ti. Tú concéntrate en pensamientos bonitos y alegres. Recuerda, positividad.

«¿Qué ocurre si encuentra algún problema?»
–Volverá para pedirme consejo.
«Basta, cuéntale la verdad.»
–No quiere escucharla, busca el camino fácil.
«Pero el camino nunca es fácil. Tiene que conocer a lo que se enfrenta si quiere alcanzar su meta.»

Solo necesitas ser positivo.

«Si únicamente te preocupas por ser positivo solo te concentrarás en los beneficios, en lo placentero. No llenes tu mente con lo negativo, pero escucha la parte mala.»

No le escuches.

«El camino es duro, no siempre querrás sonreír. Es más, a veces llorarás.»

No le hagas caso, solo piensa en positivo.

«Tu objetivo puede salir mal. Existe esa posibilidad, incluso es más probable que así sea.»
–Eso ocurre por ser negativo.
«No es cuestión de ser negativo. Hay que ver los problemas, conocer a lo que nos enfrentamos para anticiparnos.»

No le escuches. Sonríe.

«Trabaja duro y ten en cuenta los problemas. No te conformes con pensar en la meta, que la alcanzarás porque es tu destino. El mismo sentimiento satisfactorio como cuando compras la lotería, agradable, calentito pero sin recompensa. Reconoce que es duro y lucha por lo que deseas. Sacrifica todo lo prescindible y siente el dolor. Si aún así quieres continuar, sudarás sangre y te sentirás tan decepcionado que querrás abandonar. Encontrarás personas que te engañarán, que querrán apartarte del camino con mentiras, palabrería fácil o increpándote lo mal que lo haces. Te están esperando entre las sombras. Quieren que sueñes en vez de actuar.»

Sonríe.

«Encontraras problemas inesperados, ni siquiera los verás venir por no tenerlos en cuenta. Por no pensar en ellos. Piensa en ellos, anticípate. No es cuestión de positividad sino de consciencia y sacrificio.»
–No quiere escuchar eso.

Sé positivo. Todo saldrá bien. Solo sonríe.

@NeoToki0

Sacrificio

poeta sacrificio angel

Hace siglos vivió un poeta en la capital de una civilización ya olvidada. Sacrificó su vida por el arte pero nunca consiguió que su talento encendiera el corazón de otras personas. Tampoco ganó ningún beneficio con sus rimas. Su estilo de vida era una ruina sin sentido.

Nunca supo si lo hizo por valor o cobardía, pero el poeta decidió abandonar las palabras. Optó por trabajar la tierra como un humilde campesino. Su piel clara se tostó con rapidez y su cuerpo frágil ganó fuerza y destreza.

Conoció a una dulce mujer con la que pasó el resto de sus días, con la que tuvo varios hijos alegres y hermosos. Con el paso de los años el poeta conoció una felicidad que nunca lo dejó.

O al menos esa es la última historia que escribió antes de dejar la pluma. Rezó por una próxima vida mejor con una espada entre sus manos, manchada con la sangre de sus crímenes. Al final, clavó el arma en su pecho.

@NeoToki0